| El mundo de las parejas
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La construcción de una relación de pareja no es una tarea sencilla. Es necesario saber cómo tendemos a relacionarnos con el otro y cómo este suele hacerlo con nosotros. No existe un solo tipo de pareja ni el hombre “ideal”; pero sí es posible reconocer la modalidad específica de cómo se vinculan dos personas que se aman, la manera como perciben su realidad interna y externa, y sus comportamientos en función de los acuerdos a los que son capaces de llegar.
El psiquiatra Clifford Sager desarrolló siete perfiles de pareja en los que se incluyen los roles y actitudes que suelen manifestar. Conozcamos cuál es el nuestro y el de nuestro compañero:
1. El igualitario
Es el reflejo de la sociedad contemporánea que resalta la coparticipación e igualdad entre los sexos. Procura la igualdad de derechos, privilegios y obligaciones. Se demuestra completo y autónomo tanto en su trabajo como en sus amistades; pero también se percibe sensible ante las necesidades y es emocionalmente interdependiente con su pareja. Se compromete con la relación. La flexibilidad de roles, creatividad, variabilidad e intercambio de funciones constituyen la norma cotidiana.
2. El romántico
El amor y los sentimientos polarizan su vida y el vínculo con su pareja. Actúa como si fuera una persona incompleta que busca su felicidad en el otro. Su estrategia es satisfacer, atraer y seducir a su pareja hasta fusionarse con ella. Idealiza el amor y sus expresiones. Da mucha relevancia a los símbolos sentimentales (aniversarios, gustos, recuerdos). Puede mostrarse apasionado pero también corre el riesgo de mostrarse insaciable, celoso y de caer en la “cursilería” posesiva y asfixiante.
3. El autocrático
Centra en su figura el poder y la responsabilidad de la relación. Lo maneja todo. Propone una relación asimétrica y dispar. Es independiente y activo. Necesita ejercer su poder, dominio y autoridad. Puede ser extremadamente amoroso y a la vez llegar a demostrar mezquindad y egoísmo. Es organizado, de rápida resolución, tiende a desaprobar y juzgar a su pareja.
Presenta tres variantes:
• Parental-amo: forma cruda de la autoridad y el poder. Trata a la pareja como un niño a quien le remarca obligaciones y roles.
• Paternalista-salvador: forma bondadosa y atenuada del la modalidad autocrática. Su gozo es proteger y cuidar a su pareja.
• Profesor-docente: modalidad “pedagógica” y de iniciación. Trata al otro condescendientemente debido a su debilidad, inmadurez e inexperiencia.
4. El dependiente
Es el complemento del autocrático. Renuncia al protagonismo y delega al otro la construcción de su vida y proyectos. Busca que lo cuiden, protejan, corrijan y guíen. Puede ser una personalidad manipuladora consciente o inconscientemente. Es inseguro y miedoso. Aunque no intenta ejercer el poder, controla a la pareja por medio de la demanda y el servicio.
5. El racional
Se niega a admitir que las emociones influyen en su conducta. Trata de establecer una relación lógica, razonada y ordenada, con un delineamiento previo de obligaciones y responsabilidades mutuas. No expresa afectos y se muestra parco aunque ame genuina y profundamente. Es pragmático y realista. Suele ser cortés y bondadoso en el trato social.
No es tan independiente y sus necesidades emocionales pueden quedar eclipsadas por las de la pareja.
6. El camarada
Este tipo de vínculo suele manifestarse en relaciones cuyo fin es evitar la soledad. Busca un compañero con quien compartir la vida diaria, intercambiar situaciones y compartir proyectos. No aspira un amor intenso ni romántico, sino tranquilo. Su fortaleza es la aceptación del otro, el compromiso y la bondad. Desea una compañía que robustezca su personalidad y aspiraciones. Este tipo de vínculo funciona mejor entre personas mayores, pues en parejas jóvenes se torna inestable al aparecer un “amor fuerte” o si surgen discrepancias.
7. El distante
Evita una relación íntimamente compartida. Busca que el otro respete su independencia. Prefiere dormir en cama o dormitorio separado y hasta vivir en lugares distintos. Comparte, ante los ojos de los demás, reuniones familiares y sociales, un hogar e hijos aunque en la intimidad no sea así. Busca defender su integridad como individuo pues teme ser dominado y mostrarse vulnerable. Detrás de esta coraza se esconde un gran romántico o un gran dependiente. Este tipo de relación está basada en un fuerte individualismo, por tanto, dicha unión carece de madurez.
Fuente: Construir la pareja conyugal / Orlando Martin /Editorial San Benito
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