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AQU Y AHORA AMORES COBARDES “Una mujer se ha perdido, de conocer el delirio y el polvo, se ha perdido una bella locura, su breve cintura debajo de mí, se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar…¨ Silvio Rodríguez.


AMORES COBARDES


AMORES COBARDES


Por Tania Tinco
Periodista. Directora Telemundo

“Una mujer se ha perdido, de conocer el delirio y el polvo, se ha perdido una bella locura, su breve cintura debajo de mí, se ha perdido mi forma de amar, se ha perdido mi huella en su mar…¨ Silvio Rodríguez.  


Se supone que en febrero escribo del amor, pero esta vez me enfocaré en su antagonista, el miedo.  Lo hago porque voy descubriendo que en las grandes historias, que merecen contarse, sus protagonistas desafiaron lo establecido, las apariencias, la cultura y hasta la adversidad, mientras que en los casos con infelices finales, fue la cobardía la que mató aquel amor llamado a ser inolvidable.


El gran Silvio Rodríguez lo cuenta con poesía y canción en un tema titulado “Oleo de una mujer con sombrero”, donde narra el miedo de quien huye de una gran pasión que pudo marcar su vida.  “…los amores cobardes no llegan a amores, ni a historias, se quedan así, ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador proclamar...” Y al escucharla me doy cuenta que todos conocemos ese tipo de amores.  Amores cobardes, llamados a ser grandes, que terminaron sofocados por el miedo.  Y no es todo. Sus protagonistas, tocados por esa pasión a la que dieron la espalda, destinados a deambular por la vida amando a medias, a ratos, a destiempo, esperando talvez inconscientemente  un golpe de fortuna que vuelva a regalarles otra oportunidad de amar.


Me apena oír los retazos de la que pudo ser una gran historia, hecha añicos porque a sus actores les faltó el valor.  Dejaron que su orgullo se infle de silencios, guardaron las palabras o las cambiaron, haciendo el ejercicio de  tirar piedras al otro, lastimando, hiriendo, sin reconocer que también se hacían daño a sí mismos.


Y es que crecemos creyéndonos el cuento del camino de rosas, restándole valía a los amores no convencionales, obligados a enfrentar retos enormes, distancias gigantescas, diferencias abismales...  Nos es difícil admitir que en cada historia valerosa, hallamos un orgullo devenido en humildad;  duras verdades reconocidas con dolor y un miedo monstruoso finalmente vencido. 


Los estudiosos dicen que amar es una decisión y yo, sin derecho alguno, animo a todos a que lo decidan, porque el amor hace bien, nos llena de ilusiones, nos da razones para vivir, prodigándonos una fuerza desconocida.  El amor hace a la gente más bella, encendiendo una chispa en sus ojos e invitándola a sonreír con mayor facilidad.  Y hay más. El amor verdadero es sagrado y creerlo un error o pecado, es desconocer la enorme dimensión de su origen divino.


Por eso reivindico el derecho de amar, sin tiempo, sin edad, sin condición, entendiendo que el único camino que nos conduce a él, lleva la consigna de vencer el miedo. 


Que no llegue el día en que miremos atrás y reconozcamos que lo dejamos ir por  aceptar un NO como primera respuesta, por quedarnos callados y enarbolar el orgullo.  Que no llegue el día en que tengamos que llorar por un amor cobarde, que no supo ser valiente, aguerrido, frontal.  Escribiendo sobre el miedo, ojala haya podido hacer una oda al amor.  Feliz San Valentín.


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