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AQU Y AHORA LOS MUROS Hay muros grandes y pequeños, públicos e íntimos como el silencio.
Tania Tinoco, periodista y directora de Telemundo


LOS MUROS


LOS MUROS

Hay muros grandes y pequeños, públicos e íntimos como el silencio.  

Parece una obsesión de Donald Trump.  Un muro gigantesco que separe buena parte de la frontera sur de 3.185 kilómetros.  En una reciente entrevista ha insistido en que “se lo hará pagar a México”, el país que manda “narcotraficantes y violadores” y que, según él, está ganando a costillas de los americanos. Ha dicho más tonterías en su búsqueda de la candidatura presidencial republicana en los Estados Unidos, pero su necedad de solucionar la inmigración irregular a punto de vallas, (unos 600 kilómetros de largo, más obstáculos adicionales de 800 kilómetros) me ha obligado a pensar no solo en ese muro, sino en los otros.  Y no hablo de los 14 que dividen países y zonas en el mundo, sino de los que levantamos en los mundos propios. Empezando por los que rodean nuestras casas.  Cada vez más altos para protegernos más, y aislarnos peor, como si la vida dejara de correr por no hallar horizonte detrás de las ventanas.

 Hay muros grandes y pequeños, públicos e íntimos como el silencio.  Esa decisión a veces inconsciente de callar, de remorder las palabras, de no tocar ciertos temas como si ignorándolos, desaparecieran. Y aquí hay una gama de pecados contra nosotros mismos que va desde la autocompasión hasta la violencia. Cuando Bobbi Kristina Brown cayó en  las drogas, su madre, Whitney Houston, estaba tan alejada por su propia dependencia que había una tapia entre ellas. Así lo dicen algunos de los que sepultaron a la hija. Tenía 22 años cuando falleció tras permanecer 6 meses en coma. Solo cuando descansan en paz, están juntas.

La desconfianza: valla inmensa y peligrosa que está poniendo en riesgo el histórico pacto nuclear entre Estados Unidos e Irak.  Un acuerdo que puede contribuir a la paz del mundo, pero que está plagado de dudas. Como aquellas que suelen carcomernos por dentro y que barnizadas de orgullo nos separan, nos aíslan, nos hacen asumir por adelantado; sacar conclusiones anticipadamente, empujándonos a errar, dejar de ver la realidad que siempre tiene luces y sombras. 

Y el juicio. Esa muralla levantada con el ejercicio de juzgar a los otros, a veces con varas que no aplicamos a nosotros mismos.  Criticamos con tanta facilidad y nos hacemos ideas equivocadas que  terminan alejándonos… Les pasa a los políticos también, que tienden a sufrir aquello que llaman “la soledad del poder” y que es un muro que separa al gobernante de sus electores.

De esos muros nos han hablado los Maestros, a los que esos políticos y Trump, evidentemente, ignoran cuando se desbocan. El magnate de bienes y raíces está haciendo una campaña adelantada y atípica, permitiéndose ofensas mayúsculas. ¿La última? Hacer un retuit de un malhadado comentario sobre Hillary Clinton hecho por una equitadora texana.  “Si no pudo satisfacer a su marido, ¿cómo va a satisfacer al país?”, escribió, y una hora después Trump le dio rt (retuit). Para sacar “la pata”, el magnate acusó a uno de los 10 asesores que manejan sus cuentas digitales.  La estrella republicana ha levantado un muro ante quien podría ser su gran rival en las elecciones del año próximo.  Hillary le ha respondido con una sola palabra: ¡basta! 

Que no llegue nunca el día en que un nuevo presidente decida levantar un nuevo muro.  Son peligrosos, indignantes, inhumanos… Sean de ladrillo o metal, vistos o invisibles, externos o internos.  Los muros separan. Dolorosamente dividen, angustiosamente matan…


*El muro que separa Estados Unidos de México está levantado en una tercera parte. Al menos 10 mil personas han muerto intentado cruzar esa frontera. 


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Edición # 612 - 13 de agosto de 2015

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