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ENTREVISTA De terapia con Angela Marulanda Este ícono de la educación familiar en Latinoamérica nos habla sobre los sentimientos de culpa que atormentan a los papás de hoy en día, y de cómo afectan la crianza de los hijos.


De terapia con Angela Marulanda

Por Lola Alvear

Debo confesar que empecé a leer el libro por la mitad. Cuando su más reciente publicación “De la culpa a la calma” llegó a mis manos, busqué el capítulo que habla de las madres que trabajan y comencé directo por ahí. “Este libro, en cuyo índice los temas están formulados como preguntas, fue hecho para ir de inmediato a la situación de nuestro interés”, respondió gustosa la autora cuando se lo confesé. Esta es la tercera publicación de Angela Marulanda, educadora familiar y consultora en temas relacionados con la formación de los hijos. Divorciada y mamá de 4 “chicos” ya adultos, está próxima a convertirse en abuela por primera vez. Es colombiana y vive en Miami; sin embargo, aquí es seguida por las columnas que tiene en un diario local. Una conferencia a propósito de su libro “De la culpa a la calma” la trajo a Guayaquil. Fue así que nos encontramos para esta entrevista, que resultó siendo una especie de terapia para mí.

En el libro describe a los padres de hoy como sumisos, lo que no pasaba con los papás de antes. ¿Qué pasó?
Las generaciones de padres a partir de la década de los 80 son las primeras que tienen conciencia de los efectos de sus actos en la vida de sus hijos. Los papás de antes no reflexionaban de que si le decían al niño: “No sea bruto”, lo estaban convenciendo de que era bruto... Ellos no se daban cuenta… Mi mamá fue bastante buena, pero a veces hacía unas injusticias terribles: No dejaba que le expliquemos qué había pasado que antes ya nos había regañado. O nunca se sintió culpable: Jamás la vi salir de casa como yo cuando dejaba a mis hijos (y hace una parodia de todas las bendiciones que les daba). Entonces, me di cuenta que (como padres) nos tocó el cambio de la era moderna a la era posmoderna, lo cual es como una mudanza de mundo, de familia, de sociedad…”.

Tomar conciencia de los comportamientos que afectan a nuestros hijos no está mal. ¿Cómo no caer en la sumisión?
“Como tenemos esa nueva conciencia de lo fácil que es hacerles daño, estamos atemorizados… Además, los niños de hoy son más despiertos. Todo esto nos hace muy inseguros, lo que nos lleva a ser sumisos, a rendirnos, a abstenernos ante la duda. En el pasado, los hijos debían ganarse el amor de los padres, que eran los importantes de la familia. Ahora es al contrario y desde el momento que tratamos de ganarnos el amor de los niños, les estamos dando todo el poder a ellos… Entonces, ahí están los padres suplicándoles, explicándoles, intentando de convencerlos...”.

En su libro, el trabajo es señalado como fuente número 1 de culpas. ¿Qué errores cometemos a nombre de la culpa?
“El principal error es la permisividad. Nos morimos de la angustia de que no nos van a querer porque no hemos estado con ellos… Entonces, permitimos y damos muchas cosas, pero no tiempo. Tratamos de reemplazar el tiempo con gustos. El otro error es que no ponemos nada de límites. Ahora a los niños por la mañana hay que llevarlos al fútbol, luego a comer pizza, después al cine, de ahí de compras, y son las 11 de la noche y seguimos corriendo atrás de ellos...”.

¿Es válido aquello de que la calidad de tiempo compensa a la cantidad?
“Hay que estar presentes en la vida de los hijos a diario y suficiente tiempo. Si uno está todo el fin de semana dedicado a ellos y luego se desaparece, no sirve. Es como si no te alimentarán 3 días, y al cuarto día te dieran de comer todo lo que no has comido, lo único que tendrás es una indigestión… El tiempo tiene que ser cotidianamente dado a los hijos. Que hayas estado las 24 horas del sábado a su servicio, no va a quitar las carencias de no verlo entre semana…”.

¿Qué deben hacer las madres que trabajan más por realización personal que por necesidad? ¿Deben renunciar a sus trabajos para aliviar la culpa?
“Pueden renunciar a una parte; es decir, si tú trabajas 4 horas fuera de casa, estás tranquila, pero si ya tu trabajo implica estar 10 horas lejos de tu hogar, es otra cosa. Hoy en día, nos venden todo como oportunidades y a veces son tentaciones… Entonces, en ocasiones, hay que renunciar a algo que nos provoca por otra cosa que es debida para la tranquilidad de nuestra conciencia... Yo me bajé de nivel. Me tocó irme de una casa grande con piscina a una más sencilla y pequeña… Pero muchas veces no queremos sacrificar el estilo de vida. En mi caso, me sentí aliviada... Todos los padres decimos que lo más importante en nuestras vidas son los hijos, pero en realidad lo más importante en la vida de uno es a lo que se le dedica más tiempo y más esfuerzo”.

Díganos 3 cosas que sean las mejores que podemos hacer como padres.
“Primero, amar a los hijos tanto como para ponerlos en el p/rimer lugar de nuestro corazón. Son unas personas frágiles que estamos formando y hay que estar con ellos... Segundo, preguntarnos siempre cuál es el verdadero motivo de lo que estamos haciendo. Por ejemplo: si le compramos un juguete, ¿lo hacemos para comprar amor y perdón? Y tercero, tener muy presente que no estamos criando niños, sino a los adultos en que queremos que se conviertan mañana. ¿Qué cualidades y virtudes queremos en esos adultos? Somos las personas que más amamos a nuestros hijos, por lo tanto, las que más podemos influir en ellos”.



Edición # 562 - 09 de junio de 2011

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