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ENTREVISTA Meryl Streep, un cuarteto de encuentros La visión de este crítico de cine ecuatoriano sobre la ganadora del Oscar a Mejor actriz, a quien tuvo la oportunidad de entrevistar tras su triunfo.
Por Jorge Suárez Ramírez ¦ Exclusivo para Hogar


Meryl Streep, un cuarteto de encuentros

El segundo…
Beverly Hills, sábado 25 de febrero. Teatro Samuel Goldwyn. ¿Hora? 14:30. 
¿Motivo? Simposio que abarcará las técnicas y logros de quienes crearon el maquillaje y pelucas utilizadas en Albert Nobbs, La Dama de Hierro y el último filme de Harry Potter.  

Sala a reventar. Leonard Engelman, rey del maquillaje, dirige el encuentro. Sorpresivamente, sin aviso alguno, aparece en el escenario Meryl Streep. La pantalla blanca reproduce los trabajos prostéticos diseñados por Mark Coulier. Luego, J. Roy Helland demuestra la forma como transformó a la actriz en Margaret Thatcher. Viendo las imágenes del personaje caracterizado y junto a ellas la presencia de la actriz, obliga a quedarse con la boca abierta: Meryl Streep, sin maquillaje, vistiendo pantalón azul de mezclilla, saco negro y blusa color maíz asombra. Está lejos de ser la exministra de Inglaterra. Parece más bien una chiquilla. Sus cabellos rubios flotan, la blancura de su piel logra exhibir sus pómulos salientes, relucientes. Todo en ella es juventud. Bromea sobre el proceso, informa los inconvenientes surgidos. Cuando la penumbra vuelve a la sala, para ver diez minutos de la película, ella recoge sus piernas, las dobla sobre la gran butaca de terciopelo amarillo, gira su rostro y echando la cabeza para atrás…contempla las imágenes. Nosotros, invitados, aplaudimos el arte que se expone a nuestra visión, pero sin dejar de atisbarla. Finalizado el momento, entre aplausos, corre hacia bastidores y desaparece. La Dama de Hierro, como la hemos visto, es en realidad una dama elegante y dicharachera.
  
El tercero
Hollywood, domingo 26 de febrero. 16:30 
La Alfombra Roja del Teatro Kodak se extiende a lo largo y ancho del Hollywood Boulevard. A la derecha…las estrellas. A la izquierda, los artífices de la ilusión, directores, productores… gente que nadie conoce. Pero allí están bellísimas y elegantes Gwyneth Paltrow y Penélope Cruz, Cameron Díaz, Natalie Portman, la exuberante y sensual Jennifer Lopez, Angelina Jolie y una sensacional Milla Jovovich, la mujer más hermosa de la noche. Junto a ellas, un prematuramente envejecido Brad Pitt, un George Clooney dispuesto a halagar a sus fans y corriendo hacia ellos para estrechar manos y conceder autógrafos: es el ídolo del momento. Colin Firth, ganador del año pasado, Glenn Close, Sandra Bullock y muchas más. No reconozco a Sacha Baron Cohen, vestido cual dictador, personaje de la comedia que filma. Porta una urna que asegura son las cenizas de Kim Jong II y como si nada… ¡las echa sobre el smoking de Ryan Seacrest, el conductor de American Idol! Tom Cruise no se deja ver y desapercibidos pasan el príncipe Alberto de Mónaco y su –en persona– no tan bella esposa. Finalmente: Meryl Streep. Lleva un traje de la casa Lanvin. Se deja fotografiar con denuedo. Son las 17:00 horas y la ceremonia está a punto de comenzar. 

El cuarto….
Sala de Prensa, las 21:24 horas.  
La Streep ya tiene el Oscar que estuvo a punto de perder frente a la imaginación populachera: ambicionaban que se lo lleve la actriz de color Viola Davis. Ha prevalecido el buen criterio y la dama de hierro tiene el galardón en sus manos. Se la recibe con gritos, aplausos y felicitaciones dichos en todos los idiomas.  

Los números se levantan, todos quieren preguntar. Las asistentes,  micrófono en mano, se dirigen al número seleccionado. Juega mucho la suerte, no todos son escogidos. Suena una voz distante y Meryl Streep, con su mano izquierda forma un telescopio… quiere encontrar a quien indaga.  

"En el escenario, al momento de recibir la estatuilla, usted dijo que probablemente esta sería la última vez que estaría allí para recibir un Oscar. ¿Por qué lo dijo?".  Mira el galardón, que parece tener un peso inusitado y riendo afirma: “Sí, lo dije. Creo estar abusando de eso que llaman tolerancia”. 

"Entonces, ¿cómo se siente al lograr un tercer premio y qué opinión le merecen?" El Oscar pasa a la mano izquierda mientras responde: “Completamente emocionada, pues creía estar ya demasiado vieja y cansada. Pero de pronto uno escucha su nombre y se reacciona como si hubiese sido impactada por un relámpago y con ello retorna la emoción, la sensación de volver a ser joven, como cuando gané el otro, hace ya treinta años. Recuerde que dos de las nominadas…¡ni siquiera habían sido concebidas! Y fue doblemente maravilloso porque dos colegas y grandes colaboradores, Roy Helland, maquillador y peinador, junto a Mark Coulier también llevaron premios y no por haber creado ‘monstruos’ sino por recrear un ser humano”. 

"Creo estar abusando de eso que llaman tolerancia”. 

A propósito, grita un número femenino para lograr el micrófono: "¿Podría describir el momento en que usted se miró en el espejo, por primera vez, y observó a Margaret Thatcher devolviéndole la mirada?". “Vaya”, dice con algo muy cercano al doble razonamiento: “En el momento en que llegamos a la imagen correcta, yo no veía a Margaret Thatcher, me veía a mí misma, y eso fue mejor. No era cuestión de mirar prótesis faciales. En el proceso de crear un personaje veo, en alguna forma que me he convertido en este, en mis pensamientos, en mi corazón estoy con ella. Con sus preocupaciones, sus anhelos, su fervor, su misión, su sentido de lo correcto. Pero, honestamente, cuando me vi por vez primera convertida en una persona de mayor edad, vi a mi padre; soy, era, muy semejante a él y a lo mejor mi padre se parecía a Margaret Thatcher. No sabría decirlo, pero todo eso es lo que sentí”. 

Un silencio llena la sala y aprovecho para levantar mi número seis. Como estoy en la primera fila, a la derecha del tablado, me dan el micrófono: "Al profundizar, al investigar su rol, tuvo oportunidad de conocer a Margaret Thatcher?"  Sin titubear y mientras pasa la mano sobre sus cabellos, responde: “No, no la tuve. Ella se ha retirado de la vida pública, totalmente, hace ya más de dos años. Pero la estudié, y la estudié. La ventaja es que existen noticieros, fotografías que se mantienen perfectamente archivadas. Por ello, el desafío fue imaginar su vida actual y eso activó la imaginación, la concepción que di al personaje, al libreto escrito por Abi Morgan. Pero en todo ello hubo libertad de expresión y el respeto que amerita un ser humano que forma parte de la historia. De manera que, para serle sincera, me fue muy satisfactorio interpretarla…como actriz, como artista, en un filme que empieza hablando de Margaret Thatcher y termina siendo un análisis de lo que somos los seres humanos”.



“En el momento en que llegamos a la imagen correcta, yo no veía a Margaret Thatcher, me veía a mí misma". 

 
Preludio…
Un primer encuentro 
Como su mirada ha quedado sobre mí, resuelvo continuar: "Usted ganó, la primera vez, por Kramer vs. Kramer, luego con La decisión de Sofía y ahora por La Dama de Hierro. ¿En cuál de esos momentos le fue imposible dar una respuesta, contestar una de aquellas preguntas, pues -sin lugar a dudas- fueron experiencias diferentes?" Mira la estatuilla. Sus ojos húmedos reflejan emoción, parecen hurgar el pasado y con esa voz tan suya, manifiesta: “Ayer leí un poema…no tenía nada que ver con esto, pero una línea brincó para decirme: ‘Es extraño estar aquí…una vez. Como lo es también volver al mismo lugar’. Y aquello es verdad. Es extraño. Quiero decir, si eres un ser humano, suena a algo sobrenatural. Si no lo eres, no sabría explicarlo. A lo mejor es tan solo… un momento agradable”.    

Agradezco sus frases elocuentes, aleccionadoras y, sin querer, me viene a la mente el diálogo que el lunes 11 de abril de 1983 sostuvimos en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Angeles. Ella había triunfado con La decisión de Sofía. Le hice una pregunta. Me quedó viendo, sin respuesta alguna. Se excusó diciendo: “Perdón, repítame la pregunta… los latidos de mi corazón no me dejaron escucharlo”.  

Ahora no ha sucedido aquello. Está más segura, aunque la vehemencia de sus respuestas esconda rasgos de incredulidad. Después de todo, las encuestas de este 2012 le daban el triunfo a Viola Davis.
 


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Edición # 572 - 11 de abril de 2012

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