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ENTREVISTA Cara cara con Roberto Manrique El reconocido actor vuelve a Ecuador para concretar algunos proyectos importantes.
Por Fanny Lilyana Merchán | flmerchan@vistazo.com
Fotos: Joshua Degel


Cara cara con Roberto Manrique

Aquí, reflexiona sobre su carrera, su vida y la posibilidad de seguir viajando por el mundo sin ningún tipo de ataduras.

Camina por las calles con absoluta tranquilidad. Casi siempre lo paran en los centros comerciales o los bares para pedirle una fotografía. El accede con esa blanca sonrisa que nunca es esquiva. Tiene un tono de voz fuerte pero no intimidante, sus palabras son claras y con un acento neutro, a veces se muestra coqueto pero no parece una pose, sino algo que fluye de manera natural, así como también su energía positiva. Creció en el centro de la ciudad de Guayaquil, recuerda que una prima le puso de apodo “Momomino” y a pesar de que le causa gracia, nunca supo la razón o el porqué del apelativo. Cuenta que, como es el menor de cinco hermanos, siempre se dirigían a él como “Robertito” y sus sueños de niño mostraban, desde ese entonces, sus ansias por conquistar el mundo. “Yo no recuerdo, pero me dicen que yo soñaba ser algo mucho más que actor, yo quería ser Rey o Papa, ¿qué tal, ah?”, y luego ríe.  

¿Qué es lo más reconfortante de volver a Ecuador? 
Volver a Ecuador siempre es agradable. Reencontrarme con mi familia, amigos, con la diversidad de mi país, con la cercanía del mar, con la posibilidad de cambiar tanto de escenario natural en tan pocos kilómetros es fascinante; pero, cuando el viaje implica proyectos como “La gata sobre el tejado caliente” o “Arte”, se potencializa la sensación porque es una manera de llegar y compartir mi trabajo, mi vida, mi proceso con la gente que amo. 

Has puesto un "stop" a tu trabajo en TV para darle paso al teatro, ¿cómo te sientes actualmente?
La actuación es un oficio que te pone en un estado muy vulnerable frente a tu público porque trabajas contigo, tus emociones, tu cuerpo, tu realidad, tu historia y en mi caso pongo todo el corazón en el escenario. Compartirlo en mi tierra me emociona muchísimo. Este “paro” televisivo ha implicado sacrificios serios, pero lo hago con todo el amor y las ganas del mundo, sabiendo que esto es lo que quiero y lo que me llena.  

¿Cuándo fue el momento en que supiste que no fuiste hecho para estar sentado 8 horas en una oficina, frente a un computador? 
El instante no lo recuerdo, pero fue muy abrupto, es decir, de un día para otro. Fue algo bastante loco como decisión, o al menos eso parecía en ese momento. Creo que me saturé, mi creatividad era de último minuto, tenía mucha presión, cansancio, estrés y era algo que no me llenaba. Llegó un punto de quiebre en que dije: “No va más, se acabó”, y así fue. Cerré mi agencia de publicidad, que en ese tiempo iba muy bien, y tomé otro rumbo. Tenía 23 años. 

Antes de llegar a ser un actor reconocido tuviste que trabajar en algunos oficios muy diferentes, ¿cuáles fueron? 
En Guayaquil fui parte del personal de una gran cadena de cines, estuve en la boletería; también di clases de manualidades para niños y luego en Colombia, donde tuve que empezar de cero, participé en espectáculos de malabarismo, fui modelo de eventos, de comerciales, hice muchas cosas… todas ellas muy necesarias para seguir y aprender. Estaba en un país donde no era nadie y todo lo hice feliz de la vida, sin ningún tipo de prejuicio, lección que aprendí de mi padre, quien tuvo que empezar de cero muchas veces. 

Solo en Colombia, ¿qué fue lo más difícil? 
Varios días me levanté sin tener la menor certeza si iba a comer. Al principio, la falta de trabajo me provocaba mucha ansiedad, sin embargo aprendí a no perder la fe, la confianza. Había veces en que no tenía ni un dólar en la billetera, sin comida en casa, pero siempre pasaba algo y se convertía en el día que más comía… me saciaba. 

Después de telenovelas exitosas como Doña Bárbara, Los Victorinos, El Clon y Flor Salvaje, ¿en qué inviertes tu dinero, cómo te consientes?
Siempre después de un proyecto corro a estudiar, sobre todo después de algo televisivo porque el trabajo es tan intenso y los horarios tan absorbentes, que mi dinero trato de destinarlo a un curso, taller en alguna parte del mundo. El último que hice fue en España. 

¿Con qué retos te enfrentaste en España? 
En marzo estudié en la escuela de Darío Facal, tenía clases de interpretación, danza, comedia, historia del cine, teatro, voz y acento. Me encantó. Fue un gran reto de más de un mes porque luego, en abril, tomé clases personalizadas.  

Allá participaste en una obra muy importante en la que hiciste un desnudo completo, cuéntanos al respecto.
Herejía, escrita y dirigida por Andrés García Crespo, me permitió medirme o ponerme aprueba en un mercado nuevo, distante y distinto; me dio la seguridad y fortaleza que necesitaba. Actué junto a Rosa Buendía y la obra mostraba una secuencia de tortura. Mi personaje era el torturado y la idea era, lograr que el público se sintiera involucrado en la escena, y eso fue muy difícil. 

¿Cómo te sentiste en ese desnudo completo? 
Muy tranquilo y libre. No tuve momentos de duda. Siempre estuve claro, desde el principio, que era una proyecto artístico, serio, profesional y contundente que era necesario para la dramaturgia y como parte de mi evolución como actor. 

Tu más reciente participación es en Arte, de Yazmina Reza... 
Arte se estrenó en 1994 y ya se convirtió en la obra de teatro escrita por un autor vivo, más montada alrededor del mundo. Es una comedia sobre la amistad en donde Jaime Tamariz (Sergio), José Burgos (Marcos) y yo (Iván) nos estamos divirtiendo al máximo y la presentamos este 13, 14, 15, 16 y 17 de junio en la Sala Principal del Teatro Sánchez Aguilar. Están todos invitados.

¿Qué viene después de esto para Roberto Manrique? 
Viene una mudanza inminente. Los últimos seis años los viví en Bogotá, tengo un contrato de exclusividad con Telemundo pero ya no producirán más allá, así que oficialmente estoy “homeless” (sin hogar) y con este espíritu aventurero me sienta perfecto. 

¿Qué crees que te depare el futuro, piensas mucho en eso? 
No tengo ni idea, de hecho hay una frase que dice “Si quieres hacer reír a Dios, haz planes”, y en mi vida se aplica completamente. Pero aún así, soy necio, tengo planes… vienen muchas aventuras positivas y viajes. La actuación es un camino tan interesante, con tantos cambios que me acoplo a él con ese sinfín de emociones. 

Finalmente, ¿podemos decir que hay "arte" corriendo por tus venas? 
Respeto mucho esa palabra así que no me atrevo a aseverarlo, pero sin duda hay apreciación y un deseo de arte corriendo por mis venas. 

Por dentro 
• ¿Si no hubieras sido artista serías...? Un frustrado 
• ¿A quién te quisieras parecer? A mi papá 
• ¿Qué te hace ser distinto a los demás? Que soy siempre yo 
• ¿La felicidad es más intensa cuando...: Estoy en paz frente al horizonte 
• ¿Los errores son más constructivos cuando...: Se aceptan sin arrepentimientos 
• ¿Tú filosofía de vida: Hay dos caminos, el miedo y el amor, elijo el amor

En pocas palabras
• Una metedura de pata: Llamar a un director de casting con nombre de mujer 
• Una profesión inimaginable: Contador
• Una magnífica interpretación: Henry Thomas, el niño en ET
• Una carcajada intensa: Siempre, cada día de mi vida
• Una enseñanza de mamá: Actuar con rectitud
• Una virtud admirable: La humildad
• Un sueño repetitivo: De pequeño, con el fin del mundo
• Un anhelo inalcanzable: Volar
• Un actor admirado: Johnny Depp
• Un defecto marcado: La ansiedad
• Un pecado capital: La gula
• Un recuerdo paternal: Curándome el dolor de barriga con su mano
• Un momento en el día: El atardecer
• Un piropo que sonroja: Un ángel se ha caído del cielo


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Edición # 574 - 13 de junio de 2012

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