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ESPECIAL Más allá del dolor El colon irritable es un mal que afecta a cientos de personas, muchas veces trastornando sus actividades diarias de manera inesperada.


Más allá del dolor

Por Alexandra Zurita Andrade azurita@vistazo.com Fotos: Fotolia

Mira a tu alrededor y seguramente encontrarás muchas personas que sufren de colon irritable. O quizás eres tú quien ve cómo su vida se ve alterada por este trastorno digestivo caracterizado por un intenso dolor abdominal que está asociado a los cambios en la frecuencia y/o la consistencia de las deposiciones, además de distensión abdominal. Llamado clínicamente síndrome de intestino irritable (SII), esta es una molestia funcional (sin alteraciones orgánicas), crónica (de larga data), recurrente y episódica que se alivia con la defecación, pero después de momentos realmente inquietantes tanto por el dolor, como por lo inesperado de su aparición y la urgente necesidad de ir al baño cuando menos te lo imaginas. En ocasiones se lo confunde con la colitis, que es un proceso inflamatorio, no así el SII que es un fenómeno sin alteraciones de la integridad orgánica del tubo digestivo; o con el colon perezoso, que es similar pero con un predominio de estreñimiento. Sin embargo, no quiere decir que toda persona estreñida padezca de colon irritable.

¿Por qué lo sufres?
El gastroenterólogo guayaquileño Manuel Maridueña sostiene que el origen del SII se debe a múltiples factores, “puede haber hipersensibilidad visceral (intestinal), o aumento de la percepción de los estímulos (respuesta exagerada al dolor), o alodinia (percepción de un estímulo normal no percibido por sujetos normales), o deberse a movimientos anormales del tubo digestivo”. Además, factores sicosociales como el estrés, o genéticos, pues el 20% de quienes lo padecen tienen familiares de primer grado con SII. También el cambio de la flora intestinal o los procesos inflamatorios intestinales previos como detonantes de este mal, o alguna alteración del control neurohormonal digestivo de las funciones gastrointestinales.

¿Qué síntomas revelan el SII?
El especialista indica que básicamente se presenta dolor o malestar abdominal crónico recurrente por al menos 3 días por mes, en las últimas doce semanas. Y el alivio de las molestias ocurre cuando hay defecación. No obstante, esta cambia su frecuencia y presenta alteraciones en la consistencia de las heces (duras o flojas). También se dan más de 3 deposiciones por día o menos de 3 por semana, hay que hacer un mayor esfuerzo para defecar (pujar), ir con urgencia al baño, tener la sensación de evacuación incompleta o insuficiente. Además, puede aparecer moco en las heces o experimentar hinchazón abdominal. No todos los síntomas aparecen en todos los pacientes, pues estos dependen del tipo de SII que se sufra.

¿Qué exámenes debes hacerte si presentas estos síntomas?
“No hay examen alguno que diagnostique el SII”, dice el doctor Maridueña, quien explica que los análisis que se realizan están orientados a excluir otras enfermedades orgánicas con las que podría confundirse, como colitis ulcerativa, cáncer de colon, enfermedad diverticular del colon, pólipos colónicos, enfermedad celiaca, enfermedades gástricas o pancreáticas, entre otras. Los exámenes que suelen solicitarse son colonoscopia, endoscospia digestiva alta, eco o tomografía de abdomen y exámenes de laboratorio, que dependen de los factores de riesgo o alarma que pueda haber, como sangrado rectal, baja importante de peso, ser mayor de 50 años, historia familiar de cáncer digestivo, masa abdominal palpable, sangre oculta en las heces y otros. “En realidad el SII se diagnostica a través de un interrogatorio y un examen físico, recordando que también hay síntomas extradigestivos: mal aliento, mal sabor de boca, picazón, dolor de cabeza migrañoso, sudoración profusa, aumento de la frecuencia urinaria, relaciones sexuales dolorosas en la mujer… lo que hace indispensable una relación adecuada con el paciente para evitar exámenes innecesarios”, apunta el médico.

¿Qué medidas tomar para resolver este problema?
Es necesario que haya una buena relación médico-paciente y un adecuado entorno familiar, laboral y social. Quien sufre de SII debe entender que el tratamiento es multifactorial, variado y cambiante de acuerdo a los síntomas predominantes: “Antiespasmódico selectivo si hay dolor, antidiarréico cuando es necesario, probiótico o eventualmente antidepresivo o ansiolítico. El médico debe tener habilidad y paciencia para hacerle comprender que su problema se toma en serio, recurriendo a manejo conductual-cognitivo o sicoterapia y, a veces, hasta hipnoterapia”.

La alimentación
Como en la mayoría de los casos de las enfermedades de hoy en día, la alimentación poco saludable influye en la aparición de ciertos males y la incorporación de nuevo hábitos de vida son fundamentales para el alivio y la desaparición del mal. El doctor Maridueña indica que “la mala alimentación puede ser detonante y efecto del SII, pues siendo de origen multifactorial hay que recordar que hay alimentos fermentadores (granos secos, harinas blandas, etc.) que exacerban la distensión o el dolor, por lo que es necesaria una dieta sana con menor ingesta de sal, menos químicos, menos comidas de compleja preparación, menos condimentos”.

Mantén la calma
Muchas personas que sufren de colon irritable pueden llegar a confundir sus síntomas con enfermedades graves y mortales. Al respecto, el doctor Manuel Maridueña señala: “Estos pacientes deben comprender y saber que esta afección no deriva en ningún tipo de enfermedad cancerosa o degenerativa, por lo tanto es de pronóstico aceptable en la medida que los factores contribuyentes desencadenantes o detonantes puedan ser debidamente identificados y que, a través de un proceso multidisciplinario e individualizado, puede lograrse una respuesta terapéutica satisfactoria. Vale decir que de por sí, el SII no es una enfermedad fatal o funesta y más bien los males con los que se puede confundir como el cáncer, pueden ser enmascaradas por el SII.

Lo que debes comer:
>> Comidas hervidas, al vapor, sudadas y al horno.
>> Vegetales frescos, legumbres y hortalizas.
>> Granos tiernos y cereales y pan integral.
>> Carnes blancas, de preferencia aves de corral y pescados.
>> De 6 a 8 vasos de agua al día.

Lo que debes evitar:
>> Los crustáceos y moluscos.
>> Las carnes rojas (consumirlas solo de res o cordero 2 veces por semana).
>> Las comidas extravagantes, copiosas y con exceso de sal.
>> Los lácteos, excepto la leche de cabra, el yogur y el requesón.

Lo que te ayudará:
>> Masticar por lo menos 25 veces los alimentos cuya consistencia así lo amerite.
>> Disponer de tranquilidad, privacidad e intimidad para servirte los alimentos.
>> Respetar los horarios para comer tanto el desayuno, el almuerzo y la cena.
>> Agregar un snack en la mañana y en la tarde, como avena, yogurt, tostadas, galletas sencillas, cereal, frutas, etc.

Asesoría: Dr. Manuel Maridueña, gastroenterólogo. Telf.: 2447544. Guayaquil.



Edición # 560 - 14 de abril de 2011

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