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ESPECIAL La misión: Ser mamá Varias mujeres nos hablan sobre los desafíos que tuvieron que enfrentar para poder llegar a ejercer el rol más importante de sus vidas: el de ser madres.


La misión: Ser mamá

Con la fuerza de la juventud
Andrea Baquerizo de Alvarez (Guayaquil)

Por lo general, cuando somos jóvenes, somos muy fuertes y podemos enfrentar casi todo lo que la vida nos depara…Y en ese camino solemos encontrarnos frente a retos que solo el amor nos ayuda a cumplir. Este fue el caso de Andrea Baquerizo, quien fue mamá a los 16 años, cuando era enamorada de Vladimiro Alvarez Roca. “El ser madre tan joven me dio experiencias gratificantes, aunque no siempre fue fácil, pero con fe en Dios y con el apoyo y consejos de nuestros seres queridos supimos salir adelante y formar la familia que somos ahora, muy unida. Yo tenía 16 años cuando nació mi hija Valeria, Vladi, mi esposo (quien en ese entonces era su enamorado), tenía 17. Al enterarme de que estaba embarazada supe que mi vida de adolescente cambiaría por completo y tendría sacrificios muy grandes, ya no podría ir a fiestas porque tenía nuevas prioridades, como el tener que cuidar a mi hija. Tuve que cambiarme de colegio, porque en el que estaba no aceptaban madres estudiantes, y tendría que madurar más rápido, ya que iba a ser mamá, miraría la vida con otros ojos. Una de las decisiones más importantes que tomamos mi esposo y yo fue que decidimos seguir conociéndonos más como enamorados para llegar a madurar. Yo vivía con mis padres y él con los suyos. Cada uno terminó sus estudios, fuimos a la universidad y una vez que supimos que nuestro futuro era para estar juntos, nos casamos. El matrimonio llegó cinco años después del nacimiento de nuestra hija, luego de 8 años de enamorados; yo tenía 21 y Vladi 22. Valeria fue nuestra portadora de aros… Fue una bendición muy grande tenerla presente junto a nosotros en un momento tan importante en nuestras vidas”, recuerda Andrea.

“A los 5 años de casados llegó nuestro hijo Vladimiro. Hoy Valeria ya tiene 12 años y Vladicito, 2… Estoy muy agradecida con Dios por todas las bendiciones que nos ha brindado. Decir que el apoyo de nuestras familias fue algo primordial para salir adelante nunca está de más, ellos forman un pilar en nuestras vidas”.

Por Wendy Salazar wsalazar@vistazo.com | Foto: César Anchundia






Unidas pese a la distancia…
Lugina Cabezas (quito)

Lugina Cabezas, Miss Ecuador 2007, comparte una relación muy particular con su mamá. Desde hace aproximadamente unos 12 años ella vive en Quito junto a su padre y su madre vive en California, junto a su nuevo esposo. Aclara que esta decisión fue algo muy difícil de tomar para su madre: “Viví siempre con ella, hasta mis 13 años, de hecho nos íbamos juntas a Estados Unidos cuando tomó la decisión de viajar, pero mis padres decidieron que lo mejor sería que me quedara acabando el colegio y estuviera junto a mi padre y familia. Después verían qué hacer. Indudablemente, para mi mamá fue la decisión más difícil de tomar”. Lugina, pese a la distancia, no ha dejado de compartir su amor y su vida con su mamá: “Tenemos una hermosa relación, cada vez que hablamos y estamos juntas, siento como si aún fuera chiquita. Nos vemos con frecuencia, estamos juntas todos los veranos, Navidad, Año Nuevo, ella viene a Ecuador una vez al año. Cuando estoy con mi mami, no nos despegamos ni un minuto, hasta dormimos juntas”. La considera como “la doctora de su alma”, ya que es quien la oye y aconseja siempre. Confiesa que desde el divorcio de sus padres, no ha sentido el dolor de una mala relación entre ellos, al contrario: “Me encanta compartir la buena relación que tienen mis papás, cuando viajamos con mi papá a Estados Unidos la pasamos todos juntos. Es tan particular la amistad que él tiene con mi padrastro, pues se llevan como hermanos”. quien la oye y aconseja siempre.

Confiesa que desde el divorcio de sus padres, no ha sentido el dolor de una mala relación entre ellos, al contrario: “Me encanta compartir la buena relación que tienen mis papás, cuando viajamos con mi papá a Estados Unidos la pasamos todos juntos. Es tan particular la amistad que él tiene con mi padrastro, pues se llevan como hermanos”.

Por Carla de Patiño cpatino@uio.vistazo.com | Foto: César Farías






“Una hija del corazón”
Rosa Alarcón (Quito)

“Gracias a Dios he tenido todo en la vida: linda familia, amigos maravillosos, una buena educación, satisfacciones profesionales, grandes oportunidades, pero no me sentía completamente feliz. No encontré a un compañero adecuado de vida, sentía que tenía mucho amor guardado y quería compartirlo con alguien… Luego de algún tiempo de pensar, sentir, cuestionarme, desvelarme y soñar, decidí que quería ser mamá, quería una hija. La pregunta era: ¿una hija biológica o adoptada? No fue una decisión fácil…” Es la tierna confesión de una madre adoptiva, Rosa Alarcón, Directora Ejecutiva de Coordinamos, una empresa líder en la organización de eventos. Para ella no fue un proceso difícil, pero que sí requirió de paciencia. “El reunir todos los documentos, el someterse a exámenes médicos y emocionales que demandan tiempo… para mí fue un poco más difícil por ser una madre soltera y no muy joven”. Después de la espera sintió que Dios la recompensó al tener a su pequeña hija en sus brazos: “Juliana era muy pequeña todavía, tenía pocos días de nacida. Cuando la vi por primera vez mi corazón retumbaba de emoción, amor y ternura. La estreché en mi pecho… Lágrimas rodaban por mis mejillas. El instante que la tuve en mis brazos, la sentí mi hija, sentí que nunca más nos íbamos a separar y sabía que Dios nos había juntado para que disfrutemos la vida juntas”.

Las dos conforman su familia. Juliana tiene ya 7 años y disfruta de una sólida relación junto a su madre. Juegan, viajan, hablan y, sobre todo, se quieren y respetan. Rosa dice que su hija ha procesado bien lo que implica ser una niña adoptada, “Se siente bien con ella misma y cuando era más pequeñita contaba con mucho orgullo que es una ‘hija del corazón’”.

Esta feliz madre ha querido compartir su historia porque pese a las dudas y dificultades que surgieron durante el proceso de adopción, siente que todo valió la pena. “Algunas personas me dicen, qué maravilloso lo que tú has hecho, qué generosidad; no es así. Los padres adoptivos damos amor; nuestros hijos son los que nos regalan además del amor; felicidad, energía, ganas de vivir día a día, esperanza, optimismo…Me siento orgullosa y privilegiada de ser una madre adoptiva, soy una madre inmensamente feliz”.

Por Carla de Patiño cpatino@uio.vistazo.com | Foto: César Farías






Con ayuda de la ciencia
Carolina Armas de Villacreces (Guayaquil)

Carolina está felizmente casada con Luis Villacreses. Pero, hasta hace un tiempo, en su vida faltaba algo para complementar esa dicha, ya que durante 6 de los 9 años de matrimonio, estuvo intentando quedar embarazada y no lo lograba. En el 2009, y luego de someterse a un sinnúmero de tratamientos, ella y su esposo, decidieron optar por la fertilización in vitro. “Jamás pensé que iba a llegar el momento de decidirme por el in vitro... Para mí fue difícil, porque implicaba la congelación de embriones; además, Dios siempre ha sido lo más importante en mi vida por lo que al inicio fue muy complicado por el tema de la religión. Entonces, hablé de eso con Pablo Valencia (médico que le realizó el in vitro) y me dio mucha tranquilidad… Finalmente, me decidí a hacerlo, pero le dije que no quería dejar congelado ningún embrión, que eso era fundamental para mí... Cuando me enteré de que solo había 3 embriones y que me podía poner los 3, le dije, sin pensarlo, que lo haga…”. Recuerda que, afortunadamente, al primer intento quedó embarazada. “Nunca había llorado tanto… Al principio estaba en ‘shock’, no podíamos creerlo… Fui con Luis a ver la prueba, pero no me había entusiasmado mucho por miedo a desilusionarme con un resultado negativo. Al ver el examen sentí una felicidad indescriptible” ¿Hubo miedo? “Si, siempre que te haces tratamientos para quedar embarazada sabes que tienes más riesgos que cualquier persona que haya concebido por método natural, pero dejé todo en manos de Dios… Confié en El”.

Mamá de trillizas. ¿Qué tan complicado es? “La verdad, no ha sido tan difícil… Es cansado, pero a la vez muy gratificante. Recuerdo que cuando salí de la clínica con mis hijas, luego de una semana de estar ahí, lloraba porque estaba asustada, no sabía cómo íbamos a hacer en casa... Los 6 primeros meses son los más duros... Mi mamá se quedó en mi casa durante ese tiempo; ella ha sido una ayuda invaluable, al igual que mi hermana, con que es una tía excepcional; además contamos con mis suegros, quienes comparten también esta alegría con nosotros...”, relata.

Hoy, a sus 31 años, Carolina está cumpliendo con el rol más importante de su vida: el de ser mamá de tres preciosas niñas: Arianna, Elissa e Isabella. “Dios nos hizo recuperar el tiempo perdido entre tantas lagrimas, tratamientos y frustraciones... Nos ha bendecido con 3 hijas maravillosas”.

Por Wendy Salazar wsalazar@vistazo.com | Foto: César Anchundiavitro






Mamá y papá a la vez
Carolina García (Guayaquil)

Alejandra acaba de cumplir 1 año. Tuvo festejo pequeño, en el que Carolina García, su mamá, de seguro no solo celebró el primer año de su hija, sino también de “habérselas arreglado” para cuidar sola de su bienestar. Algo que hizo desde el inicio de su embarazo. “Al principio fue duro. No sabía qué hacer. Y me tomó un mes decidir que lo iba a hacer sola”. No niega que le haya hecho falta un compañero en su embarazo, sobre todo en las visitas al médico. “Es horrible, porque cuando te enteras qué (sexo) va a ser el bebé, no tienes con quién compartirlo. Pero conmigo estuvieron mis amigas”.

Recuerda el momento en que tuvo por primera vez a su hija en brazos: “Era lo mejor, una bendición. Mi gorda bella estaba sana”. De esas primeras horas con la bebé, dice haber vivido 2 situaciones duras. “Cuando me dieron el alta, pues yo misma tuve que levantarme de la silla (de ruedas) con la bebé en brazos para hacer los trámites de pagar la clínica… Y la primera noche con Alejandra en la casa… De ahí, no he sentido soledad; Alejandra me completa totalmente”.

-¿Qué le dirás cuando empiece a preguntar por su papá? “Mentiras no. Ella crecerá con la verdad. Si ella quiere conocerlo, la llevaré donde él, que no es su papá, sino su progenitor, porque padre es el que cría… Le diré aquí está Alejandra y te quiere hacer unas preguntas. Eso es lo que pienso hoy, ya veremos en el futuro”. La bebé lleva los dos apellidos maternos, una decisión que no fue originada por sentimientos de orgullo de esta mamá. “Yo quería que Alejandra tenga el apellido del padre, porque ella es mi hija, no mi hermana, y al crecer con mis dos apellidos, quizá no le esté dando su propia identidad. Y la sicóloga me dijo que eso era lo mejor”. Tras varios intentos, Carolina logró reunirse con el padre de su hija para hablar del tema, e incluso le llevó a la bebé para que la conozca. “La vio, la cogió y la abrazó. Habrá sido por 10 minutos. Luego mandé a dejar a Alejandra a la casa porque era chiquita, y él no se despidió de ella, ni la volvió a ver, ni hizo nada… En ese momento, decidí que no valía la pena”.

Este primer año de Carolina y Alejandra ha sido positivo en todo sentido. “En el trabajo me ha ido muy bien; la bebé vino con el pan bajo el brazo”. En lo personal, su principal apoyo ha sido su familia. “Puede ser que hoy te digan: ‘cometiste un error’, pero la familia siempre está contigo, en las buenas y en las malas”, dice esta mamá, para quien la maternidad llegó en el momento preciso. “Tengo 33 años, no soy una niña, tengo una trabajo estable, y mi hija cambió mi vida para mejor”.

Por Lola Alvear lalvear@vistazo.com | Foto: César Mera
Vestuario de Alejandra: Kchinitas. Riocentro Ceibos. Mall del Sol. Riocentro Entreríos.



Edición # 561 - 05 de mayo de 2011

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