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ESPECIAL Depresión, ansiedad, pánico: males silenciosos Cada día estos trastornos se hacen presentes con más fuerza en nuestro medio. Para los especialistas, la raíz de los problemas se encuentra en el inadecuado manejo del estrés.
Por Alexandra Zurita Andrade │ azurita@vistazo.com


Depresión, ansiedad, pánico: males silenciosos

Deprimidos, angustiados y ansiosos, tres grupos de personas que cada día crecen más.  Según el Instituto de Salud Mental de los Estados Unidos, más de 20 millones de personas en ese país sufren de depresión, mientras que los trastornos de ansiedad afectan a 40 millones de adultos y el de pánico a otros 6.  Sobre la realidad de nuestro país no hay datos concretos al respecto, pero basta escuchar a quienes están a nuestro alrededor y conversar con sicólogos y siquiatras para saber que los casos aumentan significativamente.  ¿Males de la vida moderna? No, siempre han existido.  La diferencia está en que hoy en día hay mayor información a la mano para poder identificar los diferentes síntomas que presentan y también una mayor predisposición a buscar ayuda y a hablar sobre el tema. Por eso escuchamos más de ellos.  Expertos consultados coinciden en que los tres trastornos son producto de un inadecuado manejo del estrés, tan común actualmente, y que son reacciones propias del organismo ante la tensión.  El problema está cuando son más poderosos que la voluntad, no pueden ser manejados, alteran el desarrollo normal de la vida y dominan las emociones y la mente del individuo.
  
Depresión: más que tristeza 
Muchos se preguntan por qué hay tanta gente deprimida en estos días.  El sicólogo clínico guayaquileño Octavio Huerta señala que “actualmente, la sociedad avanza a una velocidad cada vez más rápida que impide que el ser humano encuentre un espacio para sí mismo.  Este factor, sumado al aumento en las presiones tanto en el ámbito social y laboral, que generan niveles de estrés cada vez más grandes, puede contribuir a que la persona sienta que sus recursos internos no sean suficientes para las presiones externas y entre en un estado de estrés, que luego lleve a una depresión”.    

El experto, quien es director de la carrera de Psicología de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo, explica algunos aspectos de este trastorno.  

¿Qué causa la depresión? 
Puede ser desencadenada por varios factores y/o eventos que pueden ser de origen biológico o genético (déficit de serotonina), sicológico o emocional (traumas, sentimientos de inferioridad, pensamientos negativos), y ambiental o social (rechazo, no adaptación, falta de apoyo, etc.). 

¿Cómo diferenciar la depresión de la tristeza profunda?  
La tristeza profunda y la desesperanza, por lo general, se consideran síntomas propios de la depresión.  La melancolía, por otra parte, se la clasifica como un subtipo dentro de la depresión mayor, que es cuando los síntomas son intensos y aparecen en forma de episodios (semanas o meses).  

¿Cuándo debe considerarse preocupante? 
Cuando interviene con el funcionamiento habitual de la persona, cuando se presentan conductas autolesivas o ideas suicidas.  

¿Qué tratamiento debe seguir el depresivo? 
Un tratamiento sicológico y, de ser necesario, sicofarmacológico.  La persona depresiva por lo general no busca ayuda por sí sola, por lo que las personas más cercanas deben acudir a un especialista cuando se presenten los síntomas.  

¿Cuándo es necesario pasar de la ayuda sicológica a la siquiátrica?  
Cuando se habla de una depresión sicótica, una forma severa que presenta alucinaciones y/o ideas delirantes.  Además, cuando el paciente requiere medicación o se advierte que existe un riesgo eminente de que atente contra su vida.  

¿Qué repercusiones puede tener la depresión?
A corto plazo se presentan en el ámbito social, familiar, laboral.  La persona no se relaciona con amigos y familia, no acude al trabajo, no disfruta de las cosas que antes le causaban placer.  A largo plazo, una cronificación de la enfermedad, de un relapso o, en casos extremos, de la muerte.
  
Ansiedad y pánico:  más allá del miedo 
El tema de la ansiedad sobrepasa aquello de la inquietud, la excesiva preocupación y la dificultad de concentración.  Según el Instituto Nacional de Salud Pública de México, el 71% de las mujeres y el 66% de los hombres mayores de 20 años padecen obesidad y sobrepeso como producto de la ansiedad.  Un tema que se profundiza en la revista Harvard Mental Health Letter de febrero del 2012, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, a través de un estudio que señala que el estrés y la ansiedad llevan al consumo de alimentos altos en azúcares o grasas, como el chocolate o las papas fritas, ya que calman la tensión nerviosa, lo que a largo plazo y convertido en un hábito no solo significa libras de más, sino un serio perjuicio a la salud.  

En cuanto a los episodios de ataques de pánico y angustia, hace pocos días un piloto de la compañía aérea estadounidense JetBlue sufrió uno en pleno vuelo, cuando se dirigía de Nueva York a Las Vegas, tras imaginar que sería víctima de un ataque terrorista.  Con 131 pasajeros y 6 miembros de tripulación a bordo, el capitán tuvo que ser inmovilizado por cinco personas del avión cuando el copiloto reportó un comportamiento “potencialmente peligroso”.  Casos como estos, en que el terror, acompañado de hiperventilación, bajas de presión y más, crece cada día.  ¿Por qué? “Porque vivimos en una sociedad azotada por el apremio, por la incertidumbre, la descomposición de las estructuras básicas a las que pertenecemos: familia, amigos.  Se ha perdido el lugar, la pertenencia; se excluye a las personas, se las juzga desde la visión dualista, de lo bueno y lo malo; se las castiga o se las hace sentir culpables, generando desequilibrios”, dice el sicólogo clínico guayaquileño Oscar Nieto.  Además, explica que estos trastornos…

• Los sufren quienes no reconocen sus vínculos con sus raíces, los que no toman con gratitud la vida que han recibido y luchan en todos los ambientes a los que asisten, generando un desgaste emocional, que muchas veces no comprenden de donde proviene porque se “cree” que no hace falta mirar los cimientos.  
• Si no son atendidos se agravan, las enfermedades físicas se vuelven crónicas y se deteriora la capacidad para producir felicidad, amor y trabajo. 
• A largo plazo acarrean abandono de las responsabilidades, incapacidad para amar y una soledad improductiva desgastante.  

Estrés: el gran culpable
Tras analizar las causas que originan estos trastornos, el siquiatra guayaquileño Héctor Cevallos Romero concluye que todo está vinculado al estrés: “En la medida que la persona siente que está perdida, cualquiera que fuere el grado y que no es aguantable, entonces tiene estrés, luego ansiedad, angustia, y luego depresión”. El especialista califica al estrés como un “estado de desequilibrio”. “Un pequeño estrés es normal en la vida cotidiana, pero cuando se eleva por distintos motivos, la persona lo siente como tensión”, señala y explica que ante este mal “hay una predisposición individual, genética incluso… hay quienes son bastante inmunes al estrés y otros, más predispuestos”.  

El médico también comenta que mucho tiene que ver la forma en que se interpreta las cosas y los hechos que suceden a nuestro alrededor y de acuerdo a ello reaccionamos.  “En la crisis de angustia o pánico, la gente tiene síntomas físicos que los interpreta como peligros inminentes e insoportables, las taquicardias las vive como infarto, el dolor de cabeza como un derrame cerebral, si no puede respirar piensa que está muriendo.  Entonces los peligros los ve como insoportables y al verlos así, siente ansiedad y angustia”.  Y añade: “En la medida que las pérdidas las vemos como insoportables, entonces ya no sentimos tristeza sino depresión, en la medida que las injusticias no las vemos como soportables sino como insoportables, sentimos ira, por eso el paciente depresivo siente tanta angustia, tanta ira y cualquier emoción desbordada, eso a nivel sicológico”.  En un nivel neurofisiológico, el doctor Cevallos indica que “quien tiene crisis de pánico no solo elabora mal sus interpretaciones, sino que tiene una fisiología anormal donde bota toda la noradrenalina y siente que se está muriendo.  Y aunque es fisiológico, esto logra mejorar cuando la persona cambia su interpretación y ve que eso que le pasa es desagradable, pero soportable… No hay forma de curar la crisis de pánico si no se aprende a enfrentarla y vivirla.  Si para eso se necesita medicación, se da antidepresivos o ansiolíticos, pero no se cura por la medicación sino cuando se aprende que lo que se vive es soportable, pasajero y se puede salir de eso”.  

¿Por qué algunos necesitan medicación y otros no?  “Porque algunos tienen una fisiología y fisiopatología más grave, tienen una salida de noradrenalina que es más fuerte.  Hay varios factores. Hay casos en que no se necesita medicación, para eso se necesita una filosofía de vida en que estén dispuestos a aceptar incluso las cosas feas no como catastróficas sino como desagradables”. 
 
Miedo al siquiatra 
Cuando la depresión desborda ciertos límites es necesario pasar de la ayuda sicológica a la siquiátrica, pero son muchas las personas que se niegan a buscar este tipo de asistencia por miedo a ser calificadas como “locas” o por temor a desarrollar dependencia a los medicamentos suministrados por el siquiatra.  Al respecto, el doctor Cevallos aclara algunas dudas.  

¿Qué riesgo corre quien sufre depresión y no hace nada?  
Comúnmente los casos de estrés tienden a terminar en depresión y la depresión va al suicidio si no se trata.  

¿Cuáles son las señales del suicidio? 
Generalmente quien se va a suicidar, mejora.  Comienza a arreglar sus cosas y se muestra tranquilo porque tiene las cosas resueltas.  Esa es la señal más grave.  Se suicida el que tiene depresión y mucha angustia.  También se suicidan más los depresivos con trastorno bipolar, esto es que en una época están depresivos y en otra, eufóricos y maníacos.  Estos se suicidan más que los que solo tienen depresión.  

¿Es cierto que el que intenta quitarse la vida lo hace para llamar la atención?  
Sí, puede ser y ocurre más en mujeres.  Pero, ¿con qué frecuencia se les va la mano?  A veces el cálculo puede estar mal hecho.  Todo paciente que dice estar deprimido debe ser atendido.  

¿Qué pasa cuando hay miedo a la medicación?  
Los medicamentos de hoy no son tóxicos, son muy tolerados, antes tenían muchos efectos secundarios, pero hoy cada vez hay mejores alternativas sicoterapéuticas.  Los antidepresivos no producen dependencia nunca, los que pueden causarla son los ansiolíticos para la ansiedad, por lo que el siquiatra trata de recetarlos lo menos posible.   

¿Qué debe hacer una persona que vive junto a otra deprimida? 
Ayudarla, aunque no siempre se puede.  La mejor ayuda es conseguirle un médico que la atienda.   

Ellas se deprimen más
Estadísticamente, se estima que las mujeres suelen padecer depresión 2 a 3 veces más que los hombres y se encuentran más expuestas durante épocas particularmente vulnerables como la adolescencia, el puerperio (hasta seis meses después del parto) y la perimenopausia. También son vulnerables las personas que no tienen un vínculo social o no cuentan con una red de apoyo familiar adecuado. Además, quienes han pasado por experiencias traumáticas que no han podido superar.

Hay depresión cuando existe 
>> Humor deprimido, la mayor parte del día, casi todos los días.  
>> Pérdida de placer o interés por las tareas habituales.  
>> Pérdida o aumento del apetito o peso sin dietas especiales.  
>> Insomnio o hipersomnia.  
>> Agitación o enlentecimiento sicomotor.  
>> Pérdida de energía o fatiga.  
>> Sentimientos de inutilidad, autorreproche o culpas excesivas o inapropiadas.  
>> Disminución de la capacidad de pensar o de concentración.  
>> Ideas recurrentes de muerte, suicidio o deseos de estar muerto. 

En casos de pánico y angustia...  
“Hay que reconocer el problema, mirar hacia las raíces, tomar con gratitud lo que le ha sido obsequiado y luego, con su responsable disposición, tomar la vida y hacer lo que mejor se pueda para su felicidad”, dice el sicólogo Oscar Nieto, quien explica que la ansiedad puede estar presente permanentemente, mientras que la angustia o pánico sobreviene en momentos de crisis. 

En la crisis de pánico, la gente tiene síntomas físicos que los interpreta como peligros inminentes e insoportables. 

Antidepresivos y ansiolíticos 
Algunos pacientes cometen el error de quitar el antidepresivo primero y es un grave error.  Este debe mantenerse todo el tiempo que el siquiatra diga y nunca debe suprimirse. Además, no produce dependencia y actúa lentamente.  El ansiolítico surte efecto en media hora, pero no cura nada, solo quita la ansiedad momentáneamente.   El ansiolítico debe tomarse el menor tiempo posible, el antidepresivo por varios meses a un año, según el caso. 

Generalmente quien se va a suicidar, mejora. Comienza a arreglar sus cosas y se muestra tranquilo porque tiene las cosas resueltas.

Pánivo vs. ansiedad
El doctor Cevallos dice que básicamente son iguales, “pero el pánico o angustia incluye síntomas físicos, mientras que la ansiedad solo sicológicos.  Si siento ansiedad me siento tenso, incómodo, que hay un peligro inminente, pero no sé cuál es.  En la angustia o pánico, sudo, tengo taquicardia, siento que no puedo respirar o deglutir”.  

Una filosofía adecuada  
El siquiatra Héctor Cevallos apunta 10 formas sencillas para combatir el estrés y prevenir así la depresión y los trastornos de ansiedad y pánico.  
>> Organizarse.  Quien no lo hace adecuadamente tiene más estrés.  No se trata de ser superordenado, pero sí en lo básico (en la ropa, en el trabajo, en los papeles de los impuestos, etc.) 
>> Hacer ejercicio.  No se trata de agotarse sino de tener actividad física, realizar ejercicios respiratorios, caminar…”eso disminuye el estrés.  Hasta masticar chicle lo disminuye”.  
>> Divertirse.  Distraerse, reírse, dedicar tiempo libre a actividades sanas ayuda.  
>> Saber escoger amistades y pareja.  Rodearse de alcohólicos, drogadictos, deudores crónicos, despilfarradores de dinero es motivo de estrés.  Escoger mal hace la vida imposible.  
>> Dar gracias de lo grande, mediano o pequeño que se recibe.  Estar en paz, no pecar, no tener relaciones fuera de la pareja.  “No tiene que ver con religión.  Es una cuestión práctica”.  
>> Tener una filosofía de vida adecuada.  La gente convierte demasiado las cosas agradables y convenientes en indispensables y cuando no lo logra no lo vive como desagradable o inconveniente sino como insoportable.  “Veamos las cosas como agradables y convenientes y luchemos por ellas, siempre y cuando no nos hagan daño a nosotros y a los demás.  Salgamos de lo desagradable e inconveniente.  No vivamos haciendo insoportables o indispensables las cosas, porque si las creemos indispensables, viviremos como insoportable su falta”.  
>> Economizar.  Es una manera de tener recursos para prever enfermedades e imprevistos.  
>> Tener seguro social o cualquier seguro.  Es una forma de tener cierta tranquilidad.  
>> Alimentarse adecuadamente.  “Seguimos comiendo grasas, dulces, chatarra y eso no ayuda.  Si la alimentación es balanceada es más probable que estemos en capacidad de soportar el estrés”.  
>> Tener una visión realista y un poco optimista de nosotros, los demás y el futuro.  Hay que reconocer nuestras necesidades, fortalezas, debilidades, capacidades, “mientras más realistas, mejor.  Pero darle un toque de optimismo porque sin eso no luchamos lo suficiente”.

Asesoría: Dr. Héctor Cevallos Romero, siquiatra.  Telf.: 2392979.  Octavio Huerta Torres, sicólogo clínico.  Telf.: 2835630 ext.149.  Oscar Nieto Barquet, sícologo clínico. Telf.: 2380467.  Guayaquil.
  


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Edición # 572 - 11 de abril de 2012

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