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ESPECIAL ¿Tiempo de calodad o cantidad de tiempo? No se trata de llenar a tus hijos con exceso de actividades o programas, el éxito está en propiciar momentos especiales y únicos para compartir juntos.
Por Dágueda Salgado Ordóñez


¿Tiempo de calodad o cantidad de tiempo?

El tiempo que se invierte con las personas que uno ama no debería medirse en términos de cantidad, porque hay que estar siempre presente, tanto en los buenos como en los malos momentos; por eso, los sicólogos aseguran que la importancia del tiempo radica en el acto de compartir.  

“El tiempo de calidad no es solamente cuando mamá estudia, canta, pinta, baila o dialoga con su hijo, también es cuando cocina, limpia o arregla, mientras su pequeño juega. Calidad es sentir la presencia cercana de ella, saber que está ahí cuando se la requiere o que en cualquier momento ofrece una sonrisa, una mirada de aprobación, un beso que vuela entre una habitación y otra, o un “te quiero”, cuando cada uno se encuentra en lo suyo”, asegura Teresa Baquerizo de Sánchez, psicóloga clínica y magíster en terapia familiar.   

La especialista afirma que mamá debe repartir su tiempo, eligiendo de acuerdo a sus prioridades. Ella debe diferenciar lo importante de lo secundario, lo trascendental de lo pasajero, lo que puede esperar, de lo inmediato. “A la hora de compartir, es indispensable tomar en consideración cada etapa por la que atraviesan los hijos y sus particulares necesidades de adaptación, socialización, identificación, para que todos los esfuerzos de la madre tengan sentido”, recalca.   

En una balanza 
Al momento de elegir entre calidad y cantidad, mamá debe tener claro que el tiempo de crianza de los hijos es el de mayor sensibilidad, ya que ellos son como esponjas, aprenden y capturan todo lo que el ambiente les ofrece y si no tienen una guía acertada, este proceso puede presentarse con dificultades. Por eso, calidad y cantidad son necesarias para establecer el vínculo entre madre e hijo, en relación con la capacidad de compartir. “En la etapa de crianza existen cambios significativos y trascendentales en la vida del ser humano porque entran en juego las áreas cognitiva, afectiva, social y espiritual. Desde el nacimiento, el bebé busca y explora el rostro de mamá. A esta primera relación se la denomina apego y se experimenta con el impulso de abrigar y acariciar, de ahí en adelante se establece una especie de patrón; por eso, las horas de dedicación deben ser aprovechadas acertadamente”, manifiesta la terapista familiar. 

¿Y si trabajo? 
La realidad social en que la madre se ve obligada a completar el presupuesto familiar es normal en el medio. Sin embargo, hay que analizar cuáles son las reales necesidades que hay que cubrir. ¿Son suntuarias o básicas? Mamá trabaja para los lujos extras o para proveer a sus hijos de una mejor educación y una mayor seguridad en todo sentido.  

Independientemente del tiempo que ella pase en casa, hay que tomar en cuenta la forma en la que se les transmite a los hijos cuánto se los ama y valora. Para hacerlo, hay que demostrar el afecto hacia ellos con presencia, dedicación y paciencia. La clave de este tiempo radica en escuchar, comprender, guiar, corregir y hacer hincapié en las reglas que priman en esa familia.  

Sin olvidarse de la pareja 
Es perfecto que la madre también dedique su atención a fortalecer su relación de pareja. “Para crecer sanos, los niños necesitan la garantía de un hogar estable, que les ofrezca seguridad para experimentar sus cambios sin temor. A los chicos les da satisfacción sentirse queridos, viendo que sus padres se quieren. Disfrutar el tiempo de pareja permitirá disfrutar más del tiempo con los hijos, pues ellos son esas terceras personas que vienen a reforzar el amor entre ambos”, explica Teresa Baquerizo.  

¡Necesito tiempo, mami!  
Los llamados de atención que hacen los niños se manifiestan a través de un comportamiento inadecuado, porque su modo más fácil de comunicarse es la vía de la conducta.  “Ante una falta de tiempo de sus padres, por lo general, son frecuentes las dificultades escolares, ya sea en el área del aprendizaje, del control de las emociones, de los de-sajustes en la práctica de las normas de convivencia social, de los problemas en la interacción con sus compañeros y del proceso de adaptación no apropiado. Ante estas señales, los maestros deben dar pautas a los padres sobre la atención que el menor requiere”, advierte la psicóloga.  

Recuerda que la infancia de los hijos es un tiempo irrepetible, que no retorna para ellos ni para sus padres. No se trata de llenar el tiempo de actividades, sino de momentos bien compartidos. El problema de muchas familias es que viven, pero no conviven. Convivir es compartir la vida y redistribuir el tiempo para estar con quien se ama.

Valiosos tips 
• Fomentar las tertulias familiares, especialmente las que se inician en las comidas y sobremesas. 
• Limitar el uso de la tecnología, que además de quitar tiempo de juegos y estudio, suprime el diálogo dentro de la familia.
• Crear un clima de confianza en el que el niño pueda hablar de todo. 
• Dedicar unos minutos exclusivos para cada hijo; encontrar espacios para ellos, compartiendo actividades relacionadas con sus intereses.
• Organizar planes familiares, como mínimo una vez al mes. 
• Prohibir el uso del celular que distraiga la atención de los padres y los hijos, durante el tiempo que se hacen compañía. 
• Tener demostraciones afectivas recurrentes en las que un beso, un abrazo o una caricia diga más que las palabras.

Asesoría: Teresa Baquerizo de Sánchez, magíster en terapia familiar; Telf.: 097200595. (Guayaquil)  


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Edición # 573 - 07 de mayo de 2012

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