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ESPECIAL Compitiendo juntos No solo comparten su amor, sino también su pasión por el mismo deporte. Varias parejas aseguran que no hay nada mejor que ejercitarse junto a quien aman.


Compitiendo juntos

Por Dágueda Salgado Ordóñez (Guayaquil) y Carla de Patiño (Quito) Fotos: César Anchundia y César Mera (Guayaquil) y César Farías (Quito) 

Max Escobar y Ana Durán (Guayaquil)
Una adicción saludable entre 2 
Para estos maratonistas, el crossfit es una actividad recreativa y adictiva, que los ha complementado. Max Escobar y Ana Durán llevan 5 años de casados y, desde que iniciaron su relación de noviazgo, han compartido su inclinación por el deporte, por hobby y competencia. “Desde el 2009, encontramos esta novedosa técnica y la comenzamos a practicar para prepararnos físicamente, para una maratón en Chicago. Este fue un entrenamiento full de 4 meses, haciendo varios tipos de ejercicios, como remar, correr, pedalear, levantamiento olímpico, potencia, barras, anillas, flexiones de pecho, entre otros... Como atletas amateurs, los tiempos que hicimos en esa competencia fueron excelentes y al siguiente día nos sentimos  muscularmente recuperados”, comenta Max, de 31 años, quien junto a su esposa son padres de la pequeña Ana Paula, de 1 año, 10 meses.      

Actualmente, estos ingenieros comerciales, que trabajan en sus respectivas compañías familiares, son dueños del gimnasio Crossfit Culture, abierto al público desde marzo del año pasado. “Como esta disciplina nos apasiona, los dos somos entrenadores certificados de crossfit. Como profesores, somos exigentes y nos fijamos en enseñar bien los ejercicios, para evitar lesiones en nuestros alumnos. Como atletas, le dedicamos 2 horas diarias al entrenamiento, con 2 días de descanso a la semana. A veces no podemos prepararnos juntos, pero cuando lo hacemos, es a la 8h00 o a las 19h00”, asegura Ana, de 30 años de edad. Ella  menciona haberlo practicado durante toda su etapa de gestación, adaptándolo a su estado físico. “Me dedicaba a hacer bien la técnica para que mis músculos no se olviden de los movimientos y para sentirme con una condición excelente durante los 9 meses”, recalca.   

Batiendo sus propios récords,  ambos han participado de maratones y competencias de crossfit dentro y fuera del país. “Vivir esta misma experiencia de la mano, nos ha hecho comprendernos más en cuestión de tiempos y horarios. Esta práctica nos ha complementado  porque vivimos alegrías y tristezas juntos, pues ambos sabemos qué se siente cuando logras o no algo, así que es una forma saludable de compenetrarnos como pareja”, concluye Max.  


Pablo Montalvo y María del Mar Landette (Quito)
El flechazo del amor fue a caballo 
Para Pablo y María del Mar, la equitación es una actividad familiar, ya que además de ellos, también sus hijas María del Mar, de 13 años, y Alegría, de 7, la entrenan.  

Ambos vienen de familias hípicas y lo hacen competitivamente. “Practicamos desde los 10 años de edad. Sin embargo, nos conocimos hace 16, montando en el Quito Tenis y Golf Club. Yo había regresado de estudiar y trabajar en Estados Unidos, y Pablo de Inglaterra”, comenta María del Mar Landette y añade que el flechazo fue inmediato y a caballo.  

Mientras ella realiza saltos de obstáculos, él juega polo y efectúa salto, adiestramiento y prueba completa. Los dos han participado de concursos provinciales y nacionales dentro de cada disciplina; además, entrenan todos los días, 2 horas, de martes a viernes, dependiendo de sus obligaciones laborales. “Hemos estado presentes en  campeonatos. Por ejemplo, Pablo saltó en la categoría de jinetes B de 1.20 a 1.30 de altura y, como mejor jinete ecuatoriano, ganó la prestigiosa Copa Internacional Mitad del Mundo en el 2010. En cambio, yo, salté en la categoría de jinetes C de 1.10 a 1.20 de altura y logré el vicecampeonato nacional en el 2009, con mi yegua Niágara de Semilly”, afirma María del Mar. 

Ellos están convencidos de que este entrenamiento es sacrificado. “El jinete no puede olvidarse del caballo, pues es su compañero y binomio. El contacto con un animal tan noble es un placer, y si a eso le añades poderlo compartir con la persona que amas, es una bendición que te une como pareja y familia en un vínculo indestructible”. 

 
Eduardo Reinoso y Gabriela García (Guayaquil)
100% unidos y complementados  
“Se une a mí o lo uno… Por eso, me siento feliz de compartir con mi esposo dos amores que nos llenan: de pareja y al deporte”, expresa entusiasmada Gabriela García, tecnóloga en banca y finanzas, quien ha hecho ciclismo de ruta y de montaña desde muy joven; mientras que su esposo se apasionó con la disciplina desde el 2011. Ambos tienen 2 hijos: Eduardo, de 9 años de edad, y Alejandro, de 7.   

“Como él no practicaba ningún deporte en particular, por el día del padre, me animé y le regalé una bicicleta y, simplemente, le encantó… Desde entonces, se enamoró del ciclismo y de todo lo que conlleva practicarlo. Yo estaba convencida de que lo debía unir a esta afición mía, porque se necesita conocer el deporte para comprender cuánto tiempo uno le dedica a esto, ya que a veces salimos a las 5h00 de un sábado y llegamos pasado el mediodía”, afirma ella, de 42 años de edad, quien lidera un grupo de ciclistas de montaña, conformado por 18 personas.  

“Por lo general, realizamos paseos en rutas, como Chongón, Limoncito, Los Vergeles, Ancón, Bucay, Olón, entre otros maravillosos lugares que podemos conocer durante los recorridos, de 10, 20 o hasta 40 kilómetros, que hacemos durante algunas horas, dependiendo de lo que nos propongamos recorrer… Aunque hemos competido en pocas ocasiones, esperamos seguirnos preparando para hacerlo con mayor frecuencia”, recalca Eduardo, de 43 años e ingeniero industrial, y destaca que junto al resto de sus amigos ciclistas ha creado un grupo muy unido, que cada vez crece más. “Lo ideal sería que todos los esposos involucren a sus parejas en esta actividad porque es una experiencia extraordinaria, que si se la comparte entre 2, se disfruta con mayor plenitud”.  

De manera religiosa, todos los fines de semana entrenan juntos, porque de lunes a viernes lo hacen, pero cada uno en horarios y días distintos, debido a sus múltiples ocupaciones: Gabriela lo practica 4 días a la semana, de 5h30 a 7h00, y Eduardo, 2 días, durante una hora, en la mañana.  

Esta sólida pareja, con 12 años de matrimonio, confiesa haber encontrado la disciplina que los libera del estrés, les proporciona energía para rendir más en el trabajo, los complementa emocionalmente y los mantiene activos. “El ciclismo es lo mejor que hemos encontrado, porque nos ha unido el doble de lo que ya éramos. Ahora, rompemos la rutina con una actividad original, que nos apasiona, nos permite conocer a más personas y nos mantiene saludables. Además, es un deporte que lo podemos hacer en familia, porque involucramos a nuestros hijos en los paseos para que, poco a poco, lo practiquen y le vayan cogiendo el gusto a este positivo pasatiempo”, finalizan.

 
Santiago Miño y Stephanie Brazinsky (Quito)
“Sentimos que nos descubrimos en otro nivel”  
Se conocieron en Quito, en el 2005, dentro de un grupo de atletismo, llamado Ruta 22, y desde entonces han compartido más que el deporte. Santiago Miño y Stephanie Brazinsky llevan casados 4 años, y no pierden el gusto por competir y practicar juntos las carreras de aventura y el triatlón. 

Ellos no tienen hijos, por lo que con mayor facilidad pueden ejercitarse. Durante la semana, lo hacen desde las 5h30 hasta las 7h00 y después de las 18h00, entrenándose cada uno a su ritmo.

Santiago, a sus 42 años, compite en carreras de aventura. Estas disciplinas contemplan trail running, kayak, ciclismo de montaña, orientación con mapa y brújula, escalada, entre  otras, dependiendo del lugar y estilo de la competencia, mientras que Stephanie, de 38, prefiere el triatlón, la natación, el ciclismo y el yoga.  

Han participado en distintas carreras juntos. “En el Tour de Montaña Chevrolet 2009 y 2011 (quedamos en segundo lugar), en el Chimborazo Extremo (estuvimos muy cerca de ganar) y en el Reto Salud, (ocupamos el tercer puesto en la categoría élite)”. Además, aseguran que los beneficios de entrenar en pareja han sido muchos, pero sobresalen los afectivos. “Tu compañero te entiende y te apoya. Es gratificante compartir lo que nos gusta, al mismo tiempo que disfrutamos de estar en compañía. Eso nos permite descubrirnos en otro nivel”. Aconsejan al resto de esposos que, así no haya la costumbre, comiencen a realizar cualquier disciplina en pareja porque los unirá más. 


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Edición # 574 - 13 de junio de 2012

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