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ESPECIAL ¡Como hermanas! Cinco elegantes mujeres del país presentan a sus hijas y nos cuentan las ventajas de ser mamás jóvenes.
Por Verónica Madero, Gabriela Castro (Guayaquil),
Carla de Patiño (Quito) e Isabel Vintimilla (Cuenca)


¡Como hermanas!

Isabel Samán Behr,  
María José e Isabel Serrano Samán (Guayaquil)
Tres grandes amigas
Sofisticada, regia y moderna. Así es Isabel Samán, de 53 años, madre de María José de Noboa, de 32; e Isabel de Miranda (29), quien además de ser la mamá, se ve como la amiga de sus hijas. "Siempre he tratado de tener una relación de amistad con ellas, sin dejar de lado mi papel de madre para guiarlas, formarlas e inculcarles valores... pero, dándoles el apoyo y la confianza que encuentran en un amigo", dice esta dinámica mujer, quien también tiene dos hijos menores: Eduardo y Juan José.  Isabel tuvo a su primogénita a los 20 años y, tres años después, a Isabel.  "Lo más bonito de ser mamá joven es la vitalidad y la paciencia que te brinda la juventud. Te da la ventaja de que las relaciones sean estrechas, pues hay más confianza y comprensión por la poca brecha generacional; y, además, la suficiente energía para estar presente en todos los eventos de los hijos".  Otro punto a favor es que la convirtieron en abuela a temprana edad. "Disfruto tanto de mis seis nietos, que los siento como mis hijos chiquitos".  

María José Serrano de Noboa, Isabel Samán Behr e Isabelita Serrano de Miranda.

La poca diferencia permite que esté más conectada con la manera de pensar de sus hijas. "Somos más que madre e hijas, hermanas. Compartimos gustos, actividades y formas de pensar". ¿Tal vez existe alguna desventaja? "No lo he notado”, dice María José, quien contesta inmediatamente riendo: "Sólo que se ve mejor que yo".  

Cuando se juntan, les gusta hacer "casi todo.  Nos reunimos a conversar, ya que es nuestro programa favorito. En ocasiones, organizamos viajes, salimos casi siempre con mis nietos y no puede faltar el típico desayuno o almuerzo familiar los domingos", dice Isabel. 

María José e Isabel describen a su madre como "una mamá incondicional.  La mejor guía y la mejor de las amigas. Es una mujer muy dulce con un corazón enorme, pues siempre ha estado a nuestro lado. Es una mamá de entrega total".  

Foto: César Anchundia. Producción: Gia Ode.


María José Jervis 
y Valentina Emmanuel (Quito)
“Entiendo mejor su mundo”
María José fue madre de su primogénita, Valentina, cuando tenía 22 años y afirma que ha sido una gran bendición. "Haber tenido a mis dos primeros hijos –Valentina, de 14 años, y Carlos Xavier, de 12– tan joven fue una gran ventaja porque pude disfrutar de ellos con mucha energía y con una actitud más relajada. Y, también, ha sido fácil entender sus diferentes etapas de crecimiento. Me siento muy cercana y entiendo mejor su mundo", cuenta esta quiteña de 36 años, quien fue reina de Quito, en 1996. La gran relación que comparten madre e hija está basada en la confianza, aunque, a veces, han tenido sus desacuerdos. "Valentina es una niña muy buena y sabe que la amo, obviamente tenemos nuestras diferencias, pero no duran más de pocos minutos. Yo pensaba que tener una hija adolescente iba a ser duro, pero la verdad no es tan grave". Juntas ríen, van de compras, comen postres, ven películas románticas y conversan sobre la vida. 

"Haber tenido a mis dos primeros hijos tan joven fue una gran ventaja porque puedo disfrutar de ellos con mucha energía y con una actitud más relajada".

María José se describe como una madre estricta, pero también comprensiva, alegre y amorosa. Su hija Valentina la ve como dueña de un carácter fuerte y –entre risas– dice que: "quiere dominar al mundo, pero, más que nada, es una persona responsable, protectora, cariñosa y mi mejor amiga". Los 22 años de diferencia que tiene con su mamá no la han incomodado, pues "podemos tener nuestros conflictos y choques, pero, en general, nos llevamos muy bien. Es la persona en la que más confío".  

Al preguntarle a María José si se ve como amiga de su hija, responde: "En muchos momentos nos vemos como amigas, pero a la hora de establecer reglas y límites, soy la mamá. Creo que es muy importante que siempre esté claro que yo soy la madre, a quien se tiene que respetar y obedecer".   

Foto: Sebastián Oquendo.


Inés Paulson de Guzmán y 
Tatiana Guzmán Paulson (Guayaquil)
Como dos gotas de agua  
Su imagen no avala los 51 años que tiene y por eso se da el lujo de lucir como la hermana de su hija Tatiana. "Sí, últimamente nos lo han dicho", afirma Inés, conocida diseñadora de interiores. "Es una mamá a quien le encanta hacer ejercicio y mantenerse bien. Ama su trabajo y siempre se esfuerza", acota Tatiana de 20 años, quien se siente orgullosa de su madre. "A todos mis amigos les parece guapísima y me río cada vez que me dicen eso".

Ellas, más que madre e hija, son un sólido equipo que se complementan y se apoyan, inclusive en los momentos duros y grises.  

Una de las actividades que disfrutan juntas es la de ir de shopping. "Nos podemos quedar todo el día mirando las cosas", menciona Inés. Además de prestarse los zapatos, porque calzan igual, "ella se pone mi ropa sin permiso", cuenta esta mamá guayaquileña riéndose, de esta situación tan típica entre madre e hija. Antes hacían spinning juntas, pero desde que Tatiana fue intervenida de la rodilla, ya no lo practican. 

Ellas, más que madre e hija, son un sólido equipo que se complementan y se apoyan, inclusive en los momentos duros y grises. "Ver que tienes a una hija con cáncer es lo más difícil que te puede pasar en la vida", relata Inés entre lágrimas sobre la enfermedad que sufrió en los ganglios Tatiana y que, afortunadamente, pudieron vencer. "Todo salió bien, gracias a Dios. Este es un cáncer que avanza muy lentamente, no es agresivo y hay altas probabilidades de vida. Ella tenía 15 años cuando se lo diagnosticaron y recién empezaba a vivir. Creo que esto la cambió para siempre y se volvió fuerte". Al respecto, su hija dice: "Nunca vi a mi mami deprimida. En todo momento, ella estuvo feliz para yo también estar así y seguir adelante. Siempre me apoyó y en cada tratamiento estuvo a mi lado", cuenta Tatiana, quien actualmente goza de una estupenda salud. 

Foto: Césa Anchundia.


María Alexandra Malo de Vega 
y Carla Vega Malo (Cuenca)  
La pareja perfecta
"Nuestra relación es superfluida, pero jamás perdiendo de vista que soy la mamá y ella la hija", cuenta María Alexandra Malo de Vega, de 43 años, quien tuvo a su hija Carla cuando tenía 22. Entre las ventajas que existen de ser una mamá joven, ella afirma que, principalmente, ha tenido toda la energía del mundo para andar en el "corre corre" cuando Carla era chiquitita.  "Mi infancia y adolescencia no se veían tan lejanas y eso me permitía identificarme y relacionarme con ella.  Ahora que mi hija es una adulta, estamos en capacidad de compartir una serie de experiencias", dice esta Ingeniera química y Máster en periodismo digital".  Siendo la mayor de sus hermanos, Carla Vega, de 22 años, afirma que existen varios beneficios de tener una mamá joven. "Siento que ella se identifica conmigo, claro que eso tiene que ver con el hecho de que tenemos un carácter parecido. Además, me 'acolita' en mis planes, como viajar y hacer deporte, y compartimos la ropa".  

"Mi infancia y adolescencia no se veían tan lejanas y eso me permitía identificarme y relacionarme con ella.  Ahora que mi hija es una adulta, estamos en capacidad de compartir una serie de experiencias".
María Alexandra Malo, de 43 años, y su hija Carla Vega, de 22.

Cuando están juntas, les gusta jugar tenis, pues confiesan que hacen una buena pareja de dobles. También, les fascina ir de compras y tienen los mismos gustos en libros y series de televisión. ¿Cómo se define como mamá? "Soy exigente con mis hijos, pero también soy totalmente incondicional, aún sabiendo cuáles son sus debilidades. Los consiento, pero siempre espero que den lo mejor", habla sobre Carla y Alvaro, de 18 años. Carla ve a su mamá como una mujer de carácter fuerte. "Es muy inteligente y culta, y sé que siempre puedo recurrir a ella. A veces, como tenemos carácter similar, chocamos, pero creo que tenemos una excelente relación".

Foto: Rocket Photo. 


Cristina Pesantes, Manuela,  
Emilia y Daniela Ribadeneira  (Quito)
Confianza y complicidad 
Para Manuela, de 19 años, tener una mamá joven –de 41– tiene sus ventajas, las que van desde compartir actividades, como pintar o ir al gimnasio, hasta ir de compras y viajar. "Creo que la poca diferencia nos permite entendernos más y saber cómo nos aconsejamos mutuamente. Además, el hecho de que mi mami sea joven significa que está llena de energía y eso nos da más tiempo para compartirlo juntas y con mis hermanas", cuenta Manuela, quien es la hermana mayor de Emilia, de 17 años, y Daniela, de 15.

"Por ser una mamá joven entiendo muy bien sus dudas y preocupaciones, las puedo aconsejar desde un punto de vista abierto y sin tabúes".  

Cristina siente que la confianza, el respeto y la complicidad con sus hijas es la base de su gran relación. Juntas, y gracias a la poca diferencia de edad, comparten gustos similares en moda y música, y no dejan de apoyarse en los proyectos en los que cada una trabaja.  

Pese a la gran relación que comparte con sus hijas, Cristina no caracteriza su relación como "amigas". "Es una relación especial, pero no de amigas porque a lo largo de la vida se tienen muchas amistades y, a veces, ellas se van por distintos caminos. Nuestra relación es de mamá e hijas. Es una relación única donde, aparte de la amistad y todo lo que eso conlleva, hay un amor desinteresado e incondicional, y no se necesitan  palabras para saber lo que sentimos o pensamos", dice esta madre de familia, quien se describe como "acolitadora", pero firme en sus decisiones. "Pongo muy claro los límites, ya que creo que estos dan seguridad. Estoy siempre cuando ellas me necesitan. Soy muy preocupada, pero no sobreprotectora. Por ser una mamá joven entiendo muy bien sus dudas y preocupaciones, las puedo aconsejar desde un punto de vista abierto y sin tabúes". 

Foto: Sebastián Oquendo


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Edición # 585 - 09 de mayo de 2013

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