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GENTE Carla Pérez: Una mujer que dejó de ser una simple mortal Es la primera ecuatoriana en llegar a la cima de una montaña de más de ocho mil metros, el Manaslú, sin oxígeno.
En la cima del Manaslu, con Oswaldo Freire.


Carla Pérez: Una mujer que dejó de ser una simple mortal

Por Paulina Trujillo G.

Para los simples mortales,  los  grandes retos son vistos, metafóricamente hablando, como altos picos a los que aspiramos a llegar, pero que, muchas veces no alcanzamos. En el caso de Carla Pérez, sus retos han sido, desde hace 15 años, alcanzar las cumbres de las montañas más altas sin rendirse jamás. Este amor, que nació a los cuatro años de edad, de la mano de Santiago Pérez, su papá, le ha llevado a ser la primera mujer ecuatoriana en alcanzar la cima de un ocho mil (como se les conoce en el argot de los montañistas a las elevaciones que alcanzan o superan los ocho mil metros de altura) sin oxígeno. 

Su hazaña consistió en llegar a la cumbre del Manaslú, (8.163 metros). Una proeza por donde se la mire. 
Todo empezó cuando Carla (de 29 años) fue de paseo con su familia, muy aficionada a las actividades al aire libre, al Pasochoa, un volcán de 4200 metros de altura.  Santiago, el papá, las llevaba a Carla y su hermana mayor, Nicole, a largas caminatas por las montañas, en las que cargaba en sus hombros a las niñas cuando estas se cansaban. Pero fue a los 14 años cuando, realmente, empezó la carrera de ascensionista de esta supermujer. Su tío Manuel Pérez, otro amante de las montañas, al ver la afinidad de Carla con las cumbres, empezó a enseñarle libros de montañismo, que ella devoraba. Con él ascendió al Cayambe y al Cotopaxi, por primera vez. Luego se unió al club de montañismo de la Escuela Politécnica y después al Grupo de Ascensionismo del Colegio San Gabriel.
 
Los obstáculos
Carla ha vivido por y para las montañas, con amor incondicional. Ni siquiera un problema de rodillas, que requirió de una operación y de un proceso de rehabilitación que le tomó un año, le alejaron de sus amadas cumbres. Lo siguiente fue un intercambio de escalada en Alemania al que fue con su hermana Nicole. Y luego empezó sus estudios universitarios en Grenoble, Francia, donde obtuvo una maestría en Geoquímica y  escaló los Alpes.  

Pero no todo ha sido miel sobre hojuelas en la vida de montaña de Carla, ella ha afrontado algunos tropiezos de los que ha salido fortalecida. Uno de ellos fue la escalada a la cara sur del Aconcagua, en Bolivia. Una experiencia que pudo haber tenido un final adverso debido a que ella encaró ese reto sin haberse alimentado adecuadamente. "Los montañista sabemos que para subir es mejor estar livianos y, en esos casos, es de mucha ayuda alimentarse con geles de proteínas. Pero no me gustó el sabor y pensé que podría soportar la subida y la bajada sin comer. Y lo soportó, pero perdió 12 kilos en seis días. "Fue una total imprudencia de mi parte; el ego me jugó una mala pasada. Aprendí la lección", dice con humildad.
 
Foto: Sebastián Oquendo.

Hacia los 8 mil
El logro de haber coronado el Manaslú, sin oxígeno, es el resultado de una serie de acontecimientos guiados por el destino.  Como Carla lo cuenta, "alrededor del año 1997, sabiendo que me gustaría, mi padre me llevó a la primera exposición de fotos de Iván Vallejo sobre el Himalaya. Recuerdo que su audiovisual me cautivó por completo. Sin embargo, yo sentí que había algo más fuerte, como cuando logras sintonizar una frecuencia en la radio y de pronto del ruido pasas a la melodía. No sé si fue el destino, suerte o el camino que yo mismo he ido buscando lo que me ha hecho llegar a Katmandú. De lo que sí estaba segura es de que la vida me había dado un regalo grande: intentar mi primer ocho mil y esto, en gran parte, gracias a la generosidad de Iván Vallejo, una de las personas que afianzó mi pasión por la montaña en mi adolescencia y líder del equipo y proyecto Somos Ecuador en las montañas del mundo”. 

Como lo recalca una y otra vez, ella no es la única integrante del equipo que llegó al Manaslú, ni es la única en haber logrado tal proeza, aunque sí es la primera mujer ecuatoriana en conseguirlo. El equipo completo lo integran Iván Vallejo (aunque esta vez no coronó el Manaslú), Esteban Mena (Topo), Oswaldo Freire (Ossy) y  Carla.  
Aunque la expedición duró aproximadamente un mes y medio (del 27 de agosto al 11 de octubre de 2012), el entrenamiento total tomó un año. 

La fatalidad
La instalación de los campamentos C1, C2 y C3 fue el siguiente paso. "Y eso es lo que hacían los demás expedicionarios que estaban en la zona y que, al igual que nosotros, querían alcanzar la cima”.  Los realizaron en modo expedición hasta alcanzar 6 mil novecientos metros en el campamento tres. "Lamentablemente el clima se cerró. Decidimos regresar al campo base a descansar. A pesar del frente de mal clima que se venía, estábamos supercontentos porque habíamos logrado montar los tres campamentos y sobre todo abastecer bien el C3. Esto nos daba la oportunidad de subir al C4 (7.400 m) e intentar la cima en la siguiente ventana de buen clima.  

El 20 de septiembre el sol brillaba y decidieron subir. El paisaje había cambiado por completo y, según Carla,  abrir huella era una odisea. Discutieron sobre las condiciones y pensaron que lo mejor era bajar. "Mientras bajábamos nos encontramos con numerosas cordadas que subían y nos preguntaban las razones por las que íbamos de regreso. Entre sonrisas y camaradería exponíamos nuestras razones, les deseábamos suerte y proseguíamos nuestro camino. Nunca nos imaginamos que a muchos de ellos nunca más los volveríamos a ver”. 

Carla pensó que había tomado la decisión equivocada…  Pero no. "Llegó el día que habíamos planeado subir. Dormíamos placenteramente cuando, a las seis de la mañana, empezó un fuerte ajetreo en el Campo Base. Uno de los italianos que compartía los servicios de campo base con nosotros gritó: ¡Ossy, Ossy! Al no escuchar respuesta de su parte, salí de mi carpa y le pregunté, qué pasaba. Me dijo: ¡Avalancha! No hay más campo tres. ¡Se ha llevado todo! 


Con Iván Vallejo en la cima del Pico Pobeda de 7439m. en Kirguiztán. 

Rendirse nunca
Iván Vallejo, como líder del equipo, les  dio el tiempo y el espacio para reflexionar  sobre la decisión que tomarían. Las opciones eran: regresar a la casa como hicieron muchas otras expediciones o seguir intentando la cima. Carla quería seguir. "La vida es corta, fugaz y hay que vivirla ahora. No sé las razones que motivaron a mis compañeros a seguir. No es fácil decidir algo así. Pero sentíamos que lo mejor era continuar”, cuenta Carla.  

Era el 28 de septiembre, el fin de la ventana de buen clima parecía acercarse y,  sin descansar lo suficiente, armaron el plan y empezaron la subida. El 30 de septiembre, a las 02h30, salieron desde el C4 (7.400 m) a la cumbre. “Hasta ese día siempre nos habíamos movido juntos el Ossy, el Topo y yo. Aquel día también lo intentamos pero no lo logramos. El Ossy tenía frío y quería adelantarse y yo no quería acelerar porque no quería quemarme. Así que le pedimos que siguiera a su ritmo. El Topito (Esteban Mena, pareja sentimental de Carla desde hace varios años) estaba mal con su estómago. Quise ir junto con él, pero no podía. Cuando paraba me costaba mucho volver a empezar, así que seguí sola. Y así fueron subiendo uno a uno a la cima. A las 8h00 de la mañana llegó a la base de la arista somital. "Ahí estaba Oswaldo y unas cinco personas más. El volvió a subir a la cima para acompañarme. Entre el llanto y la falta de oxígeno, me costaba mucho caminar. La llegada fue extraña. Por un lado estaba muy feliz y agradecida con la vida, mi familia, en Iván y la gente que me aprecia. Pero sobre todo con mi papi, en quien pienso siempre que la fuerza empieza a abandonarme. Y, por otro, me dio mucha tristeza no poder compartir ese momento con el Topito. El llegó a la cima cuando empezamos nuestro descenso”. 

Suena simple, se cuenta rápido y se escribe igual. Pero otra cosa es intentarlo y lograrlo. Carla Pérez lo intentó, lo logró y es la primera ecuatoriana en alcanzar una cumbre de más de ocho mil metros sin oxígeno. Para los simples mortales hay cosas cotidianas que nos parecen imposibles. Pero Carla Pérez ya no es una simple mortal. 


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Edición # 580 - 12 de diciembre de 2012

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