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MALABARES COTIDIANOS Sueños románticos “… hace unos días tuve un sueño muy real, con emociones y colores intensos. En él yo me veía en una cabaña romántica en una montaña…”
María Fernanda Heredia, escritora ecuatoriana


Sueños románticos

Sueños románticos

La mayoría de veces sueño cosas disparatadas y sin sentido: que puedo volar, que invito a Obama a comer ceviche en mi casa, que caigo en un abismo interminable, que voy a la oficina en ropa interior, que me gano la lotería, que me persigue un pavo gigante, etc. Quizá todo esto se debe a que tengo un inconsciente muy creativo o a que siempre me quedo dormida con la televisión encendida.

Sin embargo, hace unos días tuve un sueño muy real, con emociones y colores intensos. En él yo me veía en una cabaña romántica en una montaña, era la casa que he imaginado cada vez que he comprado un guachito de la lotería: con paredes de piedra, una buhardilla y una chimenea encendida, con una biblioteca y ventanas amplias.


En el sueño estábamos él y yo, recostados en el sofá, con sendas copas de vino en nuestras manos, era tarde y las gotas de lluvia golpeaban las ventanas. Ambos reíamos con complicidad y nos decíamos en repetidas ocasiones “te amo”.

La sensación en el estómago era fantástica, esa que se experimenta cuando el amor es inocente, desmedido y recíproco. Era uno de aquellos sueños que quisiéramos que no terminaran nunca.

Cuando sonó el despertador y volví a la realidad, sentí un agujero de ansiedad en el estómago, agarré el teléfono, llamé a mi amiga Alicia y le dije casi a gritos “¡Me quiero morir! ¡Soñé que me besaba con el Chihuahua!”.

El Chihuahua es el marido de otra amiga, Claudia, una chica buenísima que lleva casada diez años con este hombre diminuto, feo y furioso que se cree el centro del universo.

¡Qué desperdicio! -me dijo Alicia- Con las infinitas posibilidades de soñar con hombres más besables y tú vas y sueñas con el Chihuahua!

Todo el día estuve atormentada alimentando mi remordimiento por haber pasado la noche (¡en el sueño!) con el marido de una amiga y preguntándome por qué rayos había soñado con él y no con otro más digno de mi cabaña romántica con chimenea comprada con el premio de la lotería.

Me sentía como un delincuente que no puede más con su cargo de conciencia y estuve tentada de llamar a Claudia, confesarle que estuve con el Chihuahua en sueños y pedirle disculpas por la osadía de mi inconsciente.

Llegada la noche me metí en la cama, respiré hondo e intenté pensar en personajes inocentes que garantizaran la pureza de mis sueños: el dinosaurio Barney, Bob Esponja, el Chapulín Colorado… pero entonces preferí borrar todas esas imágenes, no quería que mi inconsciente me jugara otra mala pasada ¡y me lanzara a un nuevo sueño romántico en la cabaña rural, con un dinosaurio morado diciéndome que me ama!

Encendí el televisor y comencé a cambiar de canales para disipar mi mente y entonces lo recordé todo: El día anterior, minutos antes de quedarme dormida, había estado viendo un programa lacrimógeno en el que una mujer le pedía a su mejor amiga que, el día en que ella faltara, la amiga se encargara de su marido, que no lo dejara solo, que se casara con él y que fueran felices. Después cambié de canal y estuve viendo un programa sobre perritos que la gente abandona. Recuerdo que me resultó enternecedor un Chihuahueño con rostro bondadoso. 


¡Soy inocente!, me dije a mí misma al constatar que todo era producto de un cortocircuito entre el televisor y mi mente.

Antes de quedarme dormida pensé en la lotería y cambié de opinión, si me la gano me compraré una casa en la playa sin chimenea, sin sofá y sin botella de vino. No quiero más pesadillas románticas.


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Edición # 612 - 13 de agosto de 2015

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