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REALEZA Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock: ¡Al fin esposos! Mónaco ya tiene una nueva princesa, esposa del príncipe gobernante. Ahora solo queda esperar que se asegure la sucesión al trono.


Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock: ¡Al fin esposos!

Por Wendy Salazar • wsalazar@vistazo.com Fotos: Reuters y AFP

Además de su importancia por el tema referente a la sucesión al trono monegasco –el que lleva más de 700 años ocupado por la dinastía Grimaldi–, el matrimonio del príncipe Alberto con Charlene Wittstock ha aportado a Mónaco una increíble dosis de glamour y sofisticación, así como sucedió con la boda del príncipe Rainiero y Grace Kelly en 1956.

A lo largo de las últimas décadas, el principado ha sido blanco de varios escándalos y tragedias. Comenzando con la muerte de la princesa Grace (ocurrida 13 de septiembre de 1982 en un accidente automovilístico), los tormentoso romances de las princesas Carolina y Estefanía, la aparición de los hijos ilegítimos de Alberto y el fallecimiento de Estéfano Casiraghi, el dolor y la polémica han empañado la vida de los Grimaldi en los últimos 30 años. Basado en esto, el enlace entre Alberto II de Mónaco y la nadadora sudafricana Charlene Wittstock parece representar una esperanza que abre un nuevo capítulo en la historia del principado.

Una boda diferente
La pareja decidió casarse en la Plaza del Palacio Grimaldi, situado en lo alto de la zona de Le Rocher. La escalinata en forma de herradura –inspirada en el castillo francés de Fontainebleau y ubicada en el centro del patio principal– fue convertida en un improvisado altar, en el que Alberto y Charlene pronunciaron sus votos ante las autoridades de la Iglesia Católica. En su afán de que este enlace no sea un evento únicamente de princesas y reyes, los novios escogieron a niños de Cap-d’Ail, Beausoleil, La Turbie, Menton, Peille y Roquebrune (poblaciones cercanas al principado) para que formen parte del grupo de damitas y pajecillos que acompañaron a Charlene hasta el altar. Asimismo, quisieron que los ciudadanos congregados en los alrededores y a lo largo del principado pudieran ser testigos de la boda a través de unas pantallas gigantes instaladas en las calles de Mónaco.

Alberto, vestido con el traje de verano de coronel del Cuerpo de Carabineros del Príncipe, llegó a la plaza a las 16H55 (hora de Mónaco) y minutos después hizo su entrada la novia, con el fondo musical de un extracto de Celebration del tema Standind Stone, de Paul McCartney.

El rito fue celebrado por el arzobispo Bernard Barsi y presenciado por los 3500 invitados, que disfrutaron de escuchar un perfecto y emotivo Ave María, entonado por el tenor Andrea Boccelli, una elección muy acertada por parte de los novios, quienes se definen a sí mismos como verdaderos melómanos. De igual manera, el programa musical de la boda estuvo a cargo de la Orquesta Filarmónica de Montecarlo, el Coro de la Opera de Montecarlo y la Maîtrise de la catedral con los Pequeños Cantores de Mónaco.

Un sueño en Armani
Charlene deslumbró con su elegancia y belleza. En su gran día, la novia lució una creación perfectamente entallada por el italiano Giorgio Armani. El vestido consistía en un traje largo con mucha caída, del que sale una larga cola, elaborado totalmente en seda ‘duquesa’ y con un detalle cruzado en el pecho y la espalda. La parte frontal del traje y central de la cola estaban adornadas con flores y piedras doradas bordadas a mano con cristales de Swarovski y madreperlas en forma de lágrimas en tonos blancos y dorados.

El ramo, diseñado también por Armani, fue realizado en tonos blancos con orquídeas y lirios del valle, flores preferidas de la nueva princesa. Fiel a su estilo, Charlene eligió un discreto y delicado peinado para el día de su boda. Un recogido bajo coronado por una peineta de brillantes en forma de ramillete de flores dio el toque de elegancia perfecto para el arreglo de la princesa, quien no llevó aretes, pulsera ni collar. El largo velo de dos piezas nacía de la parte alta del moño y se confundía con la larga cola del vestido.

Haute cousine
El chef francés Alain Ducasse fue el responsable de elaborar la exquisita cena de la boda real monegasca. Acompañado por vinos chardonnay de Sudáfrica (país natal de la princesa Charlene), el menú contaba con platos con sabor mediterráneo y frescas verduras cultivadas en el huerto de Roc Agel, residencial estival de los Grimaldi.

Como plato de entrada, se brindó un barbagiuan, una especie de empanada de pasta muy fina –que se come con los dedos–, rellena de espinacas, puerros, cebolla, perejil, albahaca, huevo y queso parmesano. Los asistentes también pudieron disfrutar de filetes de mújol marinado, así como de trigo cultivado en la Alta Provenza, cocinado con zanahorias, corazones de alcachofas, puerros, guisantes, judías verdes y champiñones.

Para el deleite de los invitados, el chef dispuso sobre patatas cocidas en caldo de azafrán un mix de diferentes pescados, como langostinos, filetes de salmonete, calamares rellenos, sepia, besugo y pulpo. Los asistentes pudieron brindar por la felicidad de los novios con champaña “Perrier-Joüet Bélle Epoque”, (que tiene un valor de 996 euros por botella) y, como postre, comieron bavarois de fresas y frambuesas y helado a base de leche no pasteurizada de nueve vacas de la granja de los Grimaldi, y una galleta de hojaldre.

¡Fiesta en Mónaco!
La cena oficial del enlace tuvo lugar en el Teatro de la Opera Garnier de Montecarlo –una joya arquitectónica ecléctica, realizada por el francés Charles Garnier– para continuar con una fiesta en el Casino de Montecarlo. Fue justamente en las terrazas de la Opera, donde alrededor de 500 invitados pudieron disfrutar de la fabulosa cena enmarcada con la vista de la Costa Azul.

Para la celebración, Charlene se dejó seducir nuevamente por una creación de Armani Privé, un sofisticado vestido en tono blanco, con discreta pedrería y delicados volantes en la parte de la falda. La actual princesa monegasca combinó su traje con una diadema de diamantes de la firma Lorenz Baumer, regalo de su esposo.

Para cerrar con broche de oro, una puesta en escena de fuegos artificiales, con The Streets of Philadelphia y Africa de Johnny Clegg, como música de fondo, convirtieron este enlace en un evento lleno de glamour y encanto, con el sello inconfundible de los Grimaldi.



Edición # 563 - 15 de julio de 2011

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