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MALABARES COTIDIANOS ¡Uno de los mejores del mundo! Cuando mi hermana mayor tomó la decisión de ser madre, me convirtió a mí, “sin que mediara la mínima consulta”, en tía.


¡Uno de los mejores del mundo!


Mi gremio

¡Uno de los mejores del mundo!

Por María Fernanda Heredia
Escritora ecuatoriana


Cuando mi hermana mayor tomó la decisión de ser madre, me convirtió a mí, “sin que mediara la mínima consulta”, en tía.

Yo tenía 22 años y ninguna experiencia ni vocación infantil. De hecho, todas las conversaciones con mis amigas que incluyeran las palabras placenta, amniótico o epidural, estaban prohibidas. Un escarpín era para mí algo tan familiar como un taladro. Y la palabra “moisés”, me remitía directamente a Moisés G., un amigo borrachísimo. 

Un día recibí la llamada de mi mamá que me anunciaba feliz el nacimiento de mi sobrino. Pregunté a mi madre cómo era el niño, una pregunta ociosa, por cierto, ya se sabe que las abuelas piensan que todos sus nietos son de una belleza inconmensurable. Por supuesto mi mamá enumeró varios calificativos tan dulzones que tuve que cambiar de tema.


Al llegar al hospital, me dirigí a esa sala con ventanal que nos permite observar a los recién nacidos. De un lado están ellos, dormidos e indiferentes; y del otro lado del vidrio suele haber un montón de adultos repitiendo expresiones en un extraño (y ridículo) idioma: “¡Uyuyuyquécosita!” “¡Igualitoigualitoalpadre!” .“¡Melocomo, melocomo”.

Me puse a observar a los bebés y la verdad es que cualquiera podía ser mi sobrino (excepto uno que habría preferido que fuera mi hijastro, porque el papá estaba a mi lado, y era idéntico a Bradley Cooper). Aguardé unos minutos, le pregunté a una enfermera, y ella amablemente desde el interior me mostró a mi sobrino... ¡Qué momento! ¡Qué instante estremecedor!... ¡Mi sobrino era el más peludo de todos! Recordé todas mis sesiones de depilación y dije “Caray, lo que le hemos heredado a este pobre”. Además de peludo era grande, enorme, la ropa de bebé que le habían puesto parecía a punto de estallar... también en eso se parecía a mí. Además el color de su piel iba de unas gamas rojizas a verdosas.


Ahí estaba yo, ante el milagro de la vida.


En ese momento llegó mi mamá y me preguntó “¿Qué te parece tu sobrino?”, yo respondí lo que todos hemos dicho en una situación así: ¡Divino, mamá, es un muñeco!

Han pasado 23 años. Mi sobrino se hizo guapo y yo continúo con mis sesiones de depilación. Mi sobrino se hizo esbelto y atlético y yo aún sigo prometiendo que el lunes sí comenzaré la dieta. Mi sobrino se hizo un ser humano maravilloso y yo me convertí en un ser extraño que, a veces, cuando lo veo llegar digo en lenguas extrañas “¡uyquéguapopordios!”. Han pasado 23 años y si alguna vez dudé de la razón por la que yo  había llegado a este mundo, al ver a mis sobrinos lo entendí todo. El amor se hizo grande, poderoso, divertido y luminoso.

Ya sé que este mes celebramos, con sobradísimas razones, a las madres. Son maravillosas, son lo mejor de nuestras vidas. Pero hoy quiero celebrar también a las tías que hacen cosas verdaderamente asombrosas por sus sobrinos, como comprarles esos juguetes sangrientos y monstruosos que llenan de alegría sus inocentes caritas; o ver la misma película de Disney 32 veces solo porque ellos aún no se han cansado de verla; o trascender más allá de El Chavo y aprender quiénes rayos son los Avengers.

Tías solteras, tías casadas, tías que juegan fútbol, tías que abrazan, tías que no cocinan brócoli, tías que nunca dicen ¡¿Ya hiciste las tareas?!, tías que escuchan secretos.

Hoy celebro también a las tías, (¡total... tías y madres se inauguran el mismo día!). Celebro a ese gremio feliz que no tiene un día en el calendario. ¡Felicidades a todas ellas!




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Edición # 609 - 06 de mayo de 2015

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…soy parte de esa prensa comprometida con la verdad, soy una ciudadana que optó por esta profesión maravillosa y que ha trabajado por cuidar el único valor que tiene un periodista: su palabra.

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