A fondo Miedos de mamá La extraordinaria sensación de convertirse en madre llega acompañada de responsabilidades y temores que únicamente ese ser tan sublime puede sobrellevar y manejar durante toda su vida.
Por Wendy Salazar

Miedos de mamá

Alguien me dijo alguna vez que cuando una mujer se convierte en madre, jamás vuelve a dormir profundamente. De hecho, mi mamá, que tiene 4 hijos (todos adultos) dice que nunca puede acostarse y descansar sin pensar en que cada uno de nosotros ya esté en su casa, sin ningún peligro que nos aceche. 
Enfrentar lo nuevo y esperar lo incierto son situaciones que se viven al iniciarse la tarea maternal. “Los niños no llegan al mundo acompañados de un manual de instrucciones que señale cómo dirigir su desarrollo individual e irrepetible”, manifiesta María Verónica Peña Seminario, Licenciada en Orientación Familiar y Master en Terapia Familiar.
  
Primeros cuidados 
Desde el nacimiento del niño y durante sus primeros años de vida, la mayor parte de los miedos se encuentran circunscritos a la salud física y los cuidados de higiene, nutrición y la prevención contra accidentes. “Para una madre primeriza esta etapa está colmada de angustias, y dicha sensación es natural. El miedo viene acompañado de un exceso de información provista por familiares y amigos. Temas como la posición en la cual acostar al bebé en su cuna para evitar que se ahogue, la postura adecuada para sacarle los gases y evitar cólicos, la seguridad en el baño, entre otras situaciones cotidianas, pueden llegar a convertirse en cuestiones perturbadoras para una joven madre”, manifiesta María Verónica Peña, Coordinadora de la Carrera de Orientación y Consultoría Familiar de la Universidad Católica de Guayaquil.
“Cuando son bebés”, me decía una amiga, “no puedes dormir plácidamente toda la noche, porque no dejas de pensar en todas las historias que has escuchado sobre muertes en la cuna…Sientes miedo de romperle un brazo o una pierna mientras le cambias de ropa o de que se ahogue mientras le das el biberón”. 

La salud: un tema primordial
Sobre la salud del niño, el único que posee autoridad para orientar y emitir su criterio es el pediatra.  Es importante dirigirle a él todas las preguntas y seguir sus recomendaciones, lo que garantizará el bienestar del bebé y la seguridad en la madre. El destacar esa voz autorizada ante los familiares será una estrategia que dote a la madre de la autoridad que necesitará para continuar con las tareas de crianza. 
Las interrogantes sobre los aspectos de salud física de un hijo continuarán durante toda su vida, más aún en casos de niños que tienen necesidades especiales y son más delicados, “lo que se convierte en una situación crónica, cuyas posibles complicaciones permanentemente atemorizan a los padres.  Nuevamente, estas situaciones especiales necesitan ser manejadas bajo los parámetros recomendados por un especialista”, señala la sicóloga Peña. 
En este punto, una práctica que puede ayudar a que una madre regule sus temores es la de adquirir hábitos de prevención de enfermedades y de accidentes en el hogar. Una de las causas del miedo es el desconocimiento de información, pero, gracias a las ventajas con las que contamos hoy en día (bibliografía en libros, revistas e incluso el internet), es posible superar ciertos miedos, ya que es más asequible aclarar las dudas y obtener pautas para solucionar los problemas. 

La tarea de formarlos 
Ser madre es un rol que se cumple en medio de una convivencia diaria con miles de circunstancias que rodean a un hijo, en las cuales prima la incertidumbre. Cuando llega el momento de mandar a los niños a la escuela aparece una interrogante que ronda en la cabeza de una madre: ‘¿Será buen estudiante?’. Nace también la necesidad de inculcarles valores, como el que aprendan a compartir, que sean solidarios, honestos; siempre confiando en que se eduquen con verdaderas bases humanas. Pasa el tiempo y al verlos convertidos en adolescentes se generan nuevos temores y las oraciones diarias van dirigidas a formar jóvenes de bien, que respeten y se hagan respetar por quienes los rodean. La madre empieza a centrar sus esfuerzos en alejar a sus hijos de los vicios, las malas amistades, y a conducirlos por un camino, que los ayude a construir de manera positiva su carácter y personalidad.
Asimismo, en la etapa de la adolescencia, algunos de los miedos maternos se encuentran circunscritos a la propia relación con los hijos. Toda mujer aprende a ser madre teniendo como referente a aquella figura femenina de primordial importancia durante su crianza y es frecuente que la calidad de la vinculación afectiva en esa relación influya sobre su propia percepción como madre. “Mujeres con experiencias confusas de la interacción con su madre suelen sentir temor de replicar ese dolor e incomprensión en una futura relación con un hijo. Lo maravilloso de la experiencia humana, es que lo contrario es también posible, que esta mujer desee brindarle a su hijo una experiencia amorosa diferente a su historia vivida”, recalca la especialista. 

Enfrentarlos ante una sociedad
A medida de que los hijos crecen e ingresan en la sociedad, para una mamá aparecerán nuevos miedos. Durante la edad escolar los temores generalmente son relacionados con las interacciones que tienen los niños con sus compañeritos, su capacidad intelectual y su nivel de adaptación a las distintas normas sociales.  
En esta etapa pueden aparecer cualidades del niño, como timidez o agresividad, por ello, es necesario recordar que lo esperado y no alcanzado produce insatisfacción y aquello podría generar temor.  Según la sicóloga Peña, “la madre es quien debe intentar, en primer término, cambiar el estilo del chico de perfilar la situación encontrándole los elementos positivos de su comportamiento.  Desear que el hijo sea estudioso, se destaque en los deportes o que sea popular entre sus compañeros son otras aspiraciones que no toda madre llega a disfrutar.  Ella debe reconocer esas pérdidas como propias evitando presionar al chico y utilizando su energía para fortalecer el potencial que su hijo si posee”.  

Un universo de temores
Los miedos de las mamás está determinados por distintas razones: las edades de los chicos, una madre que trabaja, una familia disfuncional, la falta de apoyo de una figura paterna, etc. Aquí algunos testimonios:
“Mi mayor miedo es quizás que se haga una niña malcriada por el hecho de que yo no paso con ella en el día debido a que trabajo. El miedo es que esa malcriadez se origine no porque yo no la controle (porque desde la oficina estoy pendiente de ella), sino como una manera de llamar mi atención”. Valentina, mamá de Fiorella, de 3 años.
“Cuando son adolescentes quieres que vuelvan a ser bebés o niños, porque en esas etapa ya ves menores los problemas de cuando tus hijos eran chicos”. Karina, mamá de Ana, de 17 años.
“Cuando se casan te empiezas a preocupar por sus vidas junto a sus esposos o esposas. Rezas porque tengan una familia y un matrimonio para siempre”. Sonnia, 52 años. 

Asesoría: María Verónica Peña Seminario, Licenciada en Orientación Familiar y Master en Terapia Familiar. Carrera de Orientación y Consultoría Familiar. Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

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